Las tensiones con Luis Enrique resucitan al mejor Barça desde Guardiola

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La versión más brillante de Messi, Suárez y Neymar arrolla al Atlético en una primera parte de ensueño

Víctor Malo

Jordi Alba besa a Messi y Neymar tras el gol del brasileño al Atlético mientras se aleja Luis Suárez | EFE
Jordi Alba besa a Messi y Neymar tras el gol del brasileño al Atlético mientras se aleja Luis Suárez | EFE

11 de enero de 2015 (23:10 CET)

Hacía meses, años, que no se veía una versión tan letal del FC Barcelona ante un rival de empaque. Las tensiones y broncas con el entrenador, Luis Enrique Martínez, explosionaron este domingo en el Camp Nou provocando la resurreción del Barça más vibrante desde Pep Guardiola. Espejismo o no, se verá en los próximos choques, pero el feroz Atlético de Madrid del Cholo Simeone se convirtió, por primera vez en mucho tiempo, en un muñeco en manos azulgranas (3-1).

El cuadro rojiblanco salió a por todas, fiel a su estilo guerrero, provocando las primeras dudas en la defensa blaugrana en apenas dos minutos. La reacción fue inmediata. El Messi más eléctrico de los últimos tiempos, enganchado a la banda derecha, corrió, presionó, fintó, regateó, dribló, asistió y volvió completamente locos a los defensas atléticos. Una jugada suya originó el primer gol del encuentro, obra de Neymar (11'), que culminó con otra explosión –esta vez de felicidad y de una anhelada unión barcelonista– que demostró que este Barça está más vivo que nunca.

Exhibición del tridente azulgrana

Las galopadas de Messi por la banda –-recordaban a las de sus tempranos inicios con el últimamente nombrado Frank Rijkaard en el banquillo-– se alternaban con las exhibiciones de juego efectivo de Luis Suárez. El futbolista uruguayo empezó la temporada con problemas de cara a portería pero, a cada partido que pasa, deja más claro que pertenece a una raza en peligro de extinción: la de los jugadores que hacen exactamente aquello que espera el espectador que lo está viendo en directo. Y un poco más.

En una de las internadas del uruguayo por el centro, con un autopase digno de Oliver y Benji –-cuyo ilustrador, Yoichi Takahashi, estaba en el Camp Nou–-, Suárez sirvió en bandeja un centro perfecto para Neymar, que falló por muy poco. Sin embargo, el ex del Liverpool no tardó mucho en encontrar su merecida recompensa: se aprovechó de otra obra maestra de Messi, que resucitó la mano de Dios para llevarse un balón por velocidad, y sirvió el esférico perfecto para que el pistolero perforase la meta defendida por Moyà.

Patadas para frenar el fútbol

En un primer tiempo de infarto, el Atlético tan solo pudo recurrir a los golpes y el juego brusco para frenar el ataque del Barça, compensado en todas sus líneas. Giménez estuvo a punto de lesionar a Neymar, también peligroso por banda izquierda, con una plancha que le grabó los tacos junto al tobillo, regando sangre a borbotones. Luego fue Messi el que recibió una fuerte entrada de Gámez. El colegiado, Undiano Mallenco, fue superado por la velocidad del choque.

Posiblemente por ese emotivo, y seguramente tras ver la mano de Messi en la repetición durante el descanso, Undiano tardó solamente 11 minutos del segundo tiempo en señalar un penalti. Curiosamente, cometido por el propio Messi. Mario Mandzukic se encargó de batir a Bravo ('57). El Camp Nou se transformó en una auténtica olla a presión.

El anhelado gol de Messi

Los jugadores del Barça sacaron una garra que parecía olvidada. Peleaban cada balón como si fuera el último, empezando por Messi. Mordían. Y la afición rugía como nunca. Dejó a medias los gritos de independencia para abroncar severamente otro error del colegiado.

Y entonces llegó el momento que todo el mundo estaba esperando. La sentencia definitiva. Rakitic, en su última jugada antes de ser sustituido, puso un centro perfecto desde el medio campo a los pies de Suárez que, tras un amago de dribling en banda izquierda, centró a la derecha donde se encontraba Messi. El astro argentino hizo la pared con el propio Rakitic y, a trompicones, pudo recoger el balón para marcar el gol (87') que llevaba tanto rato buscando y poner la guinda a una noche redonda. Como ante el PSG, marcó la MSN –Messi, Suárez, Neymar–, los mensajeros del gol azulgrana. Y el coliseo azulgrana coreó al unísono el nombre de su indomable estrella. 

El carácter de Lucho se pega

El Barça de este domingo nada tuvo que ver con el que se jugó la Liga en el mismo escenario en mayo del año pasado. Cuestionado el técnico asturiano, lo que no se puede negar es que Luis Enrique ha sacado esa tensión que tanto se echaba de menos en los jugadores del Barça.

Autoritario, de carácter arrogante y poco comunicativo, Lucho está transmitiendo a sus jugadores la raza que le caracterizó en sus años de corto. Lo ficharon con el objetivo de revivir a una plantilla destensada. Quizás no lo consiga, pero como dijo recientemente el presidente Bartomeu: "Los futbolistas no han bajado los brazos en ningún partido del año". Contra el Atlético, fueron una apisonadora.

Los goles