“Mamá, me estoy muriendo”. Ana Obregón y España, consternada

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La presentadora y el empresario son un claro ejemplo para muchas personas que pasan por una situación similar

Ana Obregón llora

14 de octubre de 2019 (11:24 CET)

Álex Lequio hizo pública su recaída a través de las redes sociales. Lejos de rendirse y sumergirse en un pozo sin fondo, el empresario volvió a demostrar una gran fortaleza y optimismo. Unos ingredientes que ha transmitido a su madre, Ana Obregón. Los dos son un ejemplo para muchas personas que pasan por una situación similar. Sus respectivas cuentas se han llenado de comentarios de ánimo y ovaciones. La presentadora y su hijo, eso sí, han tenido la suerte y los medios de los que otros no han gozado.

Ana Obregón ha aparcado sus compromisos profesionales. Solo tiene ojos para Álex. Ahora mismo únicamente acude a actos benéficos. Su hijo también organiza algunos eventos con los que poder conseguir fondos para luchar contra el cáncer. La actriz se ha involucrado al 100% con esta problemática y le duele pensar que puede seguir afectando a tanta gente y también muy joven. Historias que han gopeado y gopean a personas que, como Ana Obregón, sufren el problema en sus carnes.

Álex Lequio ha tentido una gran suerte: estar tratado por los mejores especialistas. Ana Obregón está muy agradecida a ello. Sin embargo no todos los afectados por estas patologías han caído en las mejores manos. Es el caso de la noticia que ha consternado a todo el país este fin de semana. Diana Adán se despidió de su hijo Izan, de tan sólo 8 años, por un melanoma y la pasividad médica. 

Izan Adán

La madre, rota, explica su durísimo tesimonio. Diana cuenta que, durate años, a Izan le diagnosticaron gripe, anorexia, neumonía, incluso problemas psicológicos para justificar las dolencias que el niño trasladaba a su mamá. "'Tienes que dejar de llamar la atención a tu mamá', le decían a mi hijo", recuerda Diana. "Yo insistía con el cáncer, me daba miedo que lo que tenía, el lunar gigante con el que había nacido, acabara en... Y me decían: 'Señora, si sigue usted con eso, el cáncer se lo va a provocar usted, no sea obsesiva'. Decían que era yo la que le iba a provocar cáncer", relata la joven que siempres sospechó que el lunar de Izan era canceroso. Sin embargo, el personal médico que le atendía no le dio ninguna importancia. 

Pero cuando un TAC reveló la verdad, el melanoma ya irreversible en el pulmón derecho. Con "gran cantidad de metástasis en pecho, cráneo, hígado, riñón, páncreas y huesos", narra, llorando, su madre.

Le intentó ocultar lo que sucedía para protegerle. Los últimos meses sus pulmones dejaron de funcionar y se encontraban enganchados a un ventilador 24 horas al día. Él permanecía en una silla de ruedas. "Mamá, me estoy muriendo", le decía convencido. La madre, intentando sacar fuerzas, le contestaba: "No, te estás curando". 

Izan Adán Fernández nació con un lunar en la espalda que le ocupaba el 95% de su totalidad. Lo que se denomina un nevus gigante, con ramificaciones en el pecho. "Nos dijeron que había que quitárselo poco a poco, que era un organismo como dormido, que escuchaba todo, pero que controlado se podía vivir con él, aunque a veces podía degenerar en un melanoma. Había antecedentes familiares: mi madre había sufrido un melanoma. Nunca me quité de encima ese miedo", recuerda Diana, auxiliar de enfermería, hundida por haber transitado de consulta médica en consulta médica sin que nadie hubiera dado con el mal. Terrible. 

 

 

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