Ana Guerra cuenta el lado oscuro de OT que Aitana, Amaia, Alfred y Cepeda callan

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La cantante tinerfeña no lo pasó muy bien cuando salió de la Academia más famosa de la televisión

Ana Guerra

11 de abril de 2019 (13:18 CET)

La segunda temporada de Fama a bailar se está aprovechando del gran tirón mediático de los concursantes de OT 2017. Mimi Doblas, más conocida como Lola índigo, es personal trainer y ha puesto voz a la canción de esta edición. Algunas de las cantantes de la anterior etapa se han dejado ver por el programa para explicar sus vivencias al salir de un concurso tan importante como puede ser Operación triunfo en este caso o el mismo Fama.

Esta semana los concursantes de la academia de baile contaron con la visita de Ana Guerra. La canaria hizo una visita a los jóvenes bailarines y además actuó en la gala posterior. La cantante se ve muy identificada en los participantes ya que están intentando cumplir su sueño como en su día hizo ella. Han tenido la suerte de entrar a un programa de grandes características, pero también tiene sus riesgos. En este caso los aspirantes ya llevan encerrados dos meses.

Esto es lo que peor llevaba la canaria. No podía estar tanto tiempo alejada de sus familiares y amistades. Necesitaba contar con ese apoyo y cariño en unos momentos tan duros donde no había nadie para consolarla. Sin embargo, una vez que pisó la calle tuvo un tiempo en el que quería volver dentro. Todo se le hizo cuesta arriba y en el programa por lo menos se sentía protegida de todo lo que se le venía encima. “Cuando volví a la realidad quería estar dentro de la Academia otra vez, todo el rato. De hecho lloraba porque quería volver a entrar” explicó la canaria.

Poco a poco se va pasando esa sensación, pero al principio es bastante duro. Pasas de ser una absoluta desconocida a verte envuelta en multitud de masas. “Su mente buscaba otra vez ese escondite, esa seguridad. Es un choque muy fuerte. Admiro la manera en la que lo han asimilado” explicó Mimi. “Intentaba salir a la calle y quería saber cómo atender a la gente y ser simpática, pero estaba en shock” explicó Guerra.

“Había hasta un segundo en el que intentaba reconocer a la persona que me estaba hablando y me daba cuenta de que no la conocía de nada. Era un proceso súper jodido” dijo muy sincera. “Llegaba a casa y me sentaba frente al televisor y no hablaba. No me apetecía contar lo mismo una y otra vez” terminó su charla.

 

 

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