Isco Alarcón | EFE

Isco o la traición: “¿Quién clavó el puñal?”. Y está en el Real Madrid

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Lo que pasó realmente en el conjunto blanco

04 de octubre de 2018 (19:20 CET)

La crisis en el Real Madrid es una realidad. El conjunto blanco no ha empezado la temporada como se esperaba. La falta de gol está condenando a los de Julen Lopetegui, y muchos ahora se arrepienten de haber regalado a Cristiano Ronaldo este verano.

“Lo echamos de menos”. Es la frase más repetida por los madridistas en estos días en los que el equipo no encuentra la manera de perforar la portería rival. Porque las pasadas temporadas siempre estaba Cristiano para remediarlo. Y ahora no hay nadie. Mal asunto.

Se buscan culpables

Y claro, cuando algo así sucede hay que buscar culpables. Y en este caso se busca a los que echaron a Cristiano Ronaldo del Real Madrid. Porque desde el entorno del portugués siguen asegurando que el jugador se vio prácticamente obligado a marcharse. No tuvo él la culpa exclusivamente de su salida. “¿Quién clavó el puñal?”, se preguntan algunos. Y hay señalados.

Cristiano Ronaldo | EFE

Florentino Pérez es el primero. El presidente parecía ansioso por desprenderse del ‘7’. Estaba harto de los constantes numeritos del luso y de las peticiones que llegaban para que le mejorara el contrato. Le rebajó la cláusula hasta los 100 millones, algo que Cristiano vio como un insulto.

El vestuario también apretó

Pero Florentino no es el único señalado. En el vestuario también hay quien quería a Cristiano Ronaldo lo más lejos posible. Desde dentro del club aseguran que Isco no podía ni verlo, y Sergio Ramos y Julen Lopetegui estaban por el mismo camino.

Todos aceptaron de buen grado la salida del portugués porque pensaban que su etapa en el Madrid se había acabado, veían que no era indispensable en el terreno de juego y que la convivencia en el vestuario sería mejor. Pero se equivocaron.

Y es que ahora todos echan de menos a Cristiano en el Real Madrid. No se valoraron sus goles cuando los marcaba y ahora nadie está ahí para meterlos. Y el portugués, claro, se frota las manos.

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