Piqué aspira a ser el cuarto capitán del Barça cuando se vaya Mascherano | Twitter

El secreto que Piqué esconde sobre la independencia de Catalunya

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Los orígenes del transgresor crack del Barça que “no era líder” en la Salle Bonanova

21 de diciembre de 2017 (18:31 CET)

Está en boca de todo el mundo. Y parece que disfruta con ello. De hecho, los que le conocen así lo atestiguan: a Gerard Piqué siempre le gustó destacar, dar la nota. Forma parte de su carácter transgresor, inconformista, provocativo.

Piqué es una especie de rebelde sin causa, pero de buena familia. Lo tuvo todo desde niño, inclusive un coeficiente intelectual por encima de la media (140). “Era un chico muy normal al que le gustaba llamar la atención... pero sin maldad”, asegura un antiguo amigo suyo de infancia.

Hace años que no se ven, pero compartieron muchos cursos en la misma escuela, la Salle Bonanova. “Actualmente da la sensación que hace un papel. Habrá gente a la que le gusta y gente a la que no le gusta, pero al menos se moja y dice (casi todo) lo que piensa”, analiza el joven, bajo condición de no desvelar su identidad.

En la zona alta de Barcelona, el actual defensa del Barça se caracterizaba por ser “un tipo simpático, que no se metía en líos ni buscaba problemas con nadie” pero que “tenía un carácter especial”. “Le gustaba dar la nota para hacer reír a los demás”, matiza, mientras reconoce que de vez en cuando hacía alguna gamberrada y armaba jolgorio en clase. Sin pasarse de la raya.

Al parecer, el curso en el que creció Piqué contaba con una hornada de chavales que generaban más problemas en el colegio. “Gerard, en cambio, no era de los que solía estar castigado. Era buen deportista y siempre sacaba muy buenas notas, aunque tampoco era un estudiante de 10”, recuerda. “Para nada era un líder, sino más bien un chico del montón”, cosa que quizás ayuda a entender que en el Barça no haya logrado todavía ser votado por sus compañeros entre los cuatro capitanes. Cosa que, probablemente, cambiará pronto con la salida de Javier Mascherano.

En aquella época, Piqué no hablaba de política, le daba bastante igual. “Nunca se manifestó a nivel político, era de familia catalana, pero no parecía importarle nada este tipo de asuntos. En aquel entonces no era independentista y ahora creo que tampoco”, analiza. Ahora, en cambio, hace llamamientos para que la población se movilice en este 21 de diciembre.

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También tuvo algún enemigo, pero nada importante: “En clase estaba el típico 'chulito' que le criticaba por la espalda, pero no por su personalidad sino por envidias”. Y es que “se comentaba que había llegado al Barça porque su abuelo tenía mano en el club. Seguramente ayudaba tener a un familiar, pero la verdad es que era muy bueno”. No se equivocó.

El abuelo de Piqué siempre ha sido una especie de referente para él. Así lo explica a este diario un familiar cercano: “Se aman horrores, siempre han tenido un feeling bestial”. Amador Bernabéu nació en Terrassa y cuando le preguntan sobre política no se anda con rodeos: “Sóc català (soy catalán)”. Como Gerard, no defiende los intereses de ningún partido en concreto, aunque tiene sus preferencias. Este es uno de los temas en que no siempre se ponen de acuerdo. Sin embargo, tienen algo en común: ambos son catalanistas y, al parecer, ninguno de los dos es independentista.

Pese a ello, Gerard siempre ha pedido consejo a su abuelo. Desde niño, cuando entró en el Barça, hasta su explosión. Bernabéu le aconsejó fichar por el Manchester United, donde Piqué se graduó para volver hecho un hombre al Barça. Y es que Amador no solo tiene consejos, también muchos contactos. Por algo es representante del club ante la UEFA. En el pasado fue vicepresidente del área institucional del Barça durante cinco años: dos con Núñez y tres con Gaspart. Un premio que recibió después de patearse las peñas culés de España junto a Nicolau Casaus durante 12 años.

El abuelo que marcó a la estrella

Este abuelo referente, capaz de conseguir todo lo que se proponía, también ayudó a moldear al Piqué adulto. Incluso, en materia de negocios. El central pocas veces toma una decisión importante sin consultar con él. Y es que el señor Bernabéu ha manejado –y todavía lo hace pese a ceder la presidencia a Joan Piqué, padre de Gerard– la sociedad Ventas Internacionales SA (también conocida como VISA, sin tener nada que ver con las tarjetas de crédito). Un negocio dedicado a la importación y exportación de todo tipo de productos: “Compra y vende lo que sea, desde fibra de vidrio a pistas de pádel, pasando por material industrial o césped artificial”.

El origen de ese carácter juguetón de Piqué es un tanto incierto. Y no solo lo han sufrido en su familia o en la Salle Bonanova. En Manchester los peatones se apartaban de la carretera debido a la velocidad endiablada a la que ponía el todo terreno que conducía por aquella época. Después de sufrir muchas novatadas en el vestuario del United –le destrozaron una camiseta nueva que le encantaba y le había salido bien cara– asumió el rol de 'malote' en el Barça. Las bombas fétidas se convirtieron en material habitual de las expediciones culés.

Gabriel Galán, utilero del Barça, renegó cuando le quemaron su antigua moto, un tanto ruidosa, en una gamberrada orquestada por Piqué y Leo Messi. La jugarreta tuvo final feliz ya que al día siguiente le regalaron una moto nueva, cuyo sonido no era tan incómodo a oídos de esos jóvenes multimillonarios que cada fin de semana levantan a miles de personas de sus butacas.

Lo cierto es que a Piqué le encanta jugar al gato y al ratón. Incluso lo dijo en una ocasión su antiguo compañero de equipo Dani Alves:Piqué defiende una cosa y luego hace otra. Tiene mucha personalidad y hace lo que considera que debe hacer independientemente de lo que piensen los demás”. Cuesta saber qué es exactamente lo que piensa. Y, por eso mismo, cada vez hay más incertidumbre en torno a su posición política aunque defiende claramente el derecho a decidir.

Una de cal y una de arena

Mientras recibe pitos, abucheos y todo tipo de desplantes por parte de la afición española durante las concentraciones con la selección, Piqué sigue jugando al despiste. Un día da una de cal: "Aunque votara que sí para que Cataluña se independizara creo que puedo jugar con la selección española porque lo marca mi pasaporte o mi DNI”. Y al otro, una de arena: “No es mi caso, pero un independentista podría jugar en la selección”. Y añadió: “Sigo pensando que España y Cataluña separadas serían más débiles”.

También marea en relación al tiempo que seguirá vistiendo la camiseta de España, la misma que compró a su hijo Sasha. Hace un año proclamó que se retiraría de la Roja después del Mundial de Rusia. Sin embargo, una cabeza tan pensante como la suya puede volver a cambiar de opinión: “Estoy convencido de que hay muchísimos más aficionados que están a favor de que me quede y yo me veo con mucha capacidad. Para mí es un reto muy importante darle la vuelta a esto… Incluso me he planteado seguir después del Mundial”.

Y cuando le formulan directamente la pregunta del millón –“¿Eres independentista?”–, entonces se hace el loco: “No lo puedo contestar. Los jugadores somos figuras globales y no puedo decantarme por un lado o por otro. La mitad de todos mis seguidores los perdería porque la gente pone la política por encima de todo lo demás y aquí venimos a jugar al fútbol. Mis hijos son catalanes, españoles, colombianos y libaneses. Estamos en un mundo global, donde todo está cada vez más conectado y en el cual los países son lo de menos. ¡Mi respuesta es lo de menos!”.

Piqué no es independentista

Parece obvio que Piqué está interesado en no desvelar la incógnita. En alimentar la polémica. Si realmente no es independentista, como apuntan a Diario Gol desde su entorno, ¿por qué no lo dice y echa un jarro de agua fría sobre ese incendio que prendió hace tanto tiempo? Probablemente porque hay intereses de otro tipo más allá. Intereses económicos que dependen de copar portadas, protagonizar entrevistas y llenar salas de prensa hasta la bandera. Y ese interés de presidir el Barça algún día, donde se mirará con lupa su posición política.

Piqué esconde un secreto que no quiere desvelar porque ello supondría pinchar la burbuja de expectación en la que vive sumergido. Porque implicaría desmontar el circo que hay organizado a su alrededor. Y porque sabe que el secreto en sí es lo de menos. Lo importante es el camino que conduce a descubrirlo. Disfruta llevando la situación al límite y, como le ocurría cuando era pequeño en las aulas de la Salle, se lo goza dando la nota. Pero sin maldad

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