La doble cara de Cristiano Ronaldo levanta ampollas en el vestuario del Madrid

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El crack portugués y su ego inabarcable tienen mosqueada a media plantilla de jugadores

Cristiano Ronaldo reclama a sus compañeros para celebrar el segundo gol que anotó contra el Alavés | EFE

31 de octubre de 2016 (17:37 CET)

Cristiano Ronaldo no cambia. No aprende. Él es así, y así seguirá. Por los siglos de los siglos. Por mucho que le pese a sus compañeros de equipo, la afición, los medios de comunicación o las principales autoridades en el Real Madrid. Cuando gana, protagonismo absoluto. Cuando pierde o se queda sin marcar, como si no estuviera. Su política de comunicación es muy buena. Pero en el vestuario del club blanco están hasta las narices de su ego desmedido.

Este sábado, contra el Alavés en Vitoria, Cristiano se volvió a exhibir en el terreno goleador. No es que firmase un gran partido, ni que protagonizase fantásticas cabalgadas por la banda o maravillosos regates. No. Se limitó a marcar tres goles de ejecución simple. Chutar bien y para dentro. No fueron de excesivo mérito. Pero llevaba varias jornadas con la pólvora mojada y su reencuentro con el gol fue motivo de una celebración por todo lo alto.

Llama la atención porque cuando marca Cristiano parece que se para el mundo. Él se queda en medio, con los brazos abiertos cual gladiador que acaba de matar a su oponente y presume de ser el más fuerte del imperio. Y los demás deben ir a él. Deben adorarlo como lo que es: la gran estrella del Real Madrid. El tres veces Balón de Oro. Uno de los mejores del mundo.

Cambio radical

Cambia mucho la versión de Cristiano cuando se queda sin marcar. Cuando son sus compañeros los que perforan la red rival, el portugués protesta cosas que nadie entiende. Parece hasta que pida fuera de juego de su propio compañero. Tarda en ir a celebrarlo. Lo hace a desgana, y realiza una felicitación sencilla y poco vistosa. Nada que ver con las suyas cuando marca.

En sus días inspirado, se queda en el terreno de juego tras el pitido final, regocijándose. Reclamando la atención y acaparando los flashes y miradas. Cuando no tiene el día, es el primero en abandonar el terreno de juego. Rápido, sin que le cacen. En el vestuario con muy conscientes de esta situación y cada vez son más los jugadores que están hartos de este comportamiento. Miembros de la plantilla entienden que así no se hace piña. 

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