El 'cagómetro' de Cristiano Ronaldo

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Los cuatro goles de Luis Suárez ponen en peligro el pichichi del delantero portugués

La rabia de Cristiano Ronaldo ante su falta de acierto hacia la portería rival | EFE

21 de abril de 2016 (00:02 CET)

Cristiano Ronaldo sabe lo que es el canguelo. Esa expresión tan utilizada en las principales cabeceras de la capital española para referirse a los miedos del Barça cuando la Liga se ajusta. Los hombres de Luis Enrique respondieron con fuerza a la teoría del cagómetro y dieron un golpe sobre la mesa con ocho goles en Riazor que camuflaron los problemas defensivos de los primeros minutos del partido y la dramática racha de un empate y tres derrotas en los últimos cuatro encuentros ligueros. Cristiano, en cambio, no respondió igual de bien.

El delantero del Real Madrid, camino de batir el récord de Coloccini con la disputa de todos los minutos de la Liga (le quedan cuatro partidos), no acudió a su habitual cita con el gol. Terminó dolorido, con la camiseta rota y sin aumentar el casillero del pichichi. Su rival por el trofeo, Luis Suárez, marcó cuatro goles y se colocó a uno solo de diferencia: 31 a 30.

Cristiano es un ganador nato y los premios individuales son un aliciente básico para el futbolista portugués. No solo para cubrir su ego, sino para mejorar su cartel de cara a un hipotético traspaso en el mercado de fichajes del próximo verano. Si conquista el pichichi y la Bota de Oro será más fácil firmar una renovación dorada por el Madrid –mantener sus 35 millones de euros brutos de salario ya sería todo un logro– o conseguir un contrato similar y por más años en el club que esté dispuesto a pagar su traspaso a Florentino.

Se va antes de que termine el partido

En el partido contra el Villarreal (3-0), Cristiano se quedó sin marcar. Una vez más evidenció esa agonía tan frecuente en él que hace aparición cuando no llegan sus goles: quejas, aspavientos, malas caras y no celebrar los goles de sus compañeros. Terminó medio lesionado. Abandonó el terreno de juego antes de terminar el choque y fue directo al vestuario, pasando por el lado de Zidane sin decirle absolutamente nada. Visiblemente mosqueado.

Ya en el partido anterior, contra el Eibar, demostró una notable obsesión por ser protagonista: quería tirar hasta los saques de esquina. Anotó un tanto en Ipurúa, no quedando del todo satisfecho. Menos suerte tuvo contra el Villarreal. A pesar de ocupar la posición de nueve, la de Benzema, durante buena parte de la segunda mitad, se quedó con las ganas de mandar el esférico al fondo de las mallas. A falta de cuatro jornadas solo le saca un gol al pistolero del Barça. El cagómetro de Cristiano se ha disparado. 

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