Marc Márquez se acostumbra a mirar a Valentino Rossi desde el retrovisor | MotoGP

Marc Márquez tiene a Valentino Rossi sin pegar ojo (y te contamos por qué)

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El piloto de Honda se ha convertido en la mayor pesadilla de la leyenda italiana

26 de septiembre de 2017 (14:18 CET)

Valentino Rossi es historia viva del motociclismo mundial. Una leyenda con todas las de la ley. Sin embargo, dicho el dicho que a todo cerdo le llega su San Martín.

El piloto italiano tiene una pesadilla que le persigue casi todas las noches desde hace algunos años. Cuando más fuertemente se manifestó fue en 2015, año que perdió su décimo Mundial en la última carrera del campeonato.

Rossi quería seguir haciendo historia pero su compañero de equipo en Yamaha, Jorge Lorenzo, se lo impedía. Marc Márquez le ayudó, supuestamente. Y él es precisamente la pesadilla del italiano.

El piloto catalán va de récord en récord. Y, con su última victoria en el GP de Aragón, se agenció su victoria número 34 con Honda. Superaba de esta forma a Valentino Rossi.

El de Tavullia ganó hasta en 33 ocasiones con la firma nipona. Luego, partieron peras y empezó su nueva andadura a lomos de la Yamaha.

Sin embargo, este no es el único registro que Márquez le quitó a Rossi el pasado domingo en Motorland. También le arrebató el de precocidad en sumar 60 victorias en citas mundialistas.

Marc ha logrado esa cifra con 24 años y 219 días, mientras que Rossi la alcanzó con 25 años y 62 días. Y el tema es ese, Márquez tiene solo 24 años y Rossi ya suma 38.

Titanes de las dos ruedas

El catalán va también tras los pasos de Giacomo Agostini, el piloto más laureado de todos los tiempos. Márquez ya lleva ocho temporadas ganando, al menos, cinco carreras. Una lucha en la que Rossi ni siquiera está.

Y es que incluso el palmarés entre ambos cada vez es más parecido: el italiano suma nueve mundiales y siete de ellos corresponden a MotoGP.

Márquez ya ha ganado un total de cinco, tres de ellos en la categoría reina. Y, si las cosas siguen igual, a finales de año ya tendrá su sexta corona. Pisando los talones al 46, que no puede pegar ojo. 

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