Sara Carbonero o la decisión de Iker Casillas: “Esto haré” (y lo cambia todo) | Instagram

Sara Carbonero o el tema tabú con Iker Casillas (“En el pueblo se sabía todo”)

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El feo asunto que persigue a la comunicadora

09 de mayo de 2018 (14:10 CET)

Futuro incierto. Iker Casillas y Sara Carbonero se enfrentan a un momento decisivo en sus vidas y en las de sus hijos, Martín y Lucas. El portero termina contrato con el Oporto y deberá decidir si quedarse en Europa en algún equipo menor o marcharse a Qatar o Estados Unidos a vivir sus últimos años sobre los terrenos de juego.

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A donde seguro que no irán más que de visita es a Corral de Almaguer. El motivo reside en el asunto oscuro que envuelve a su padre y que tiene al progenitor de la influencer, Carlos Javier Carbonero García, en el punto de mira de la justicia.

El pasado del padre de Sara Carbonero

Carbonero fue el autor de una estafa multitudinaria a los vecinos de la localidad que perpetró cuando trabajaba en la empresa AXA, que le costó una condena de dos años de cárcel, que no cumplirá por no tener antecedentes, y la devolución de cerca de un millón de euros.

Cabe decir que la empresa aseguradora, a priori, nada ha tenido que ver, y que todo ha sido responsabilidad del progenitor de Sara.  

El origen se encuentra en la ludopatía que sufre Javier, que se remonta al 2003, y que le llevó a estafar a muchos de los vecinos de Corral de Almaguer desde hace más de diez años.

Según las fuentes, el padre de la it girl ofrecía a los clientes productos bajo la garantía de que les daría suculentos réditos a corto plazo, pero los que fiaron su dinero nunca más volvieron a ver ni un euro.

Estafa a gran escala

 Según las informaciones consultadas, las cantidades oscilaban entre los 6.500  y los 230.000 euros que más tarde invertía en diferentes juegos de azar.

En el pueblo se sabía todo”, aseguran fuentes cercanas de Corral de Almaguer, que aseguran que se gastaba, entre otras apuestas, unos 10.000 euros semanales en Loterías y Apuestas del Estado.

“Es evidente que lo que siempre he creído que era una afición, costumbre o como lo quisiéramos llamar, en algún momento se convirtió en una adicción, que dejé de poder controlar. He intentado ‘solucionar’ esta situación ‘por la tremenda’ (espero que se me entienda)”, declaraba el padre de Sara en el Juzgado en el 2010, cuando reconoció por primera vez en público su enfermedad.

Una confesión que junto a la alteración psíquica que sufría atenuaron los agravantes e impidieron que la pena final no fuera mayor.

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