Sacchi | EFE

¿Sabes por qué Messi, Cristiano Ronaldo y hasta Zidane han dado las gracias a Sacchi?

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El secreto mejor guardado del técnico italiano

20 de junio de 2019 (13:12 CET)

Messi no sería Messi, ni Cristiano Ronaldo, CR7, ni Zidane el futbolista que reinó antes que ellos si, mucho antes, un pequeño italiano no le hubiera pegado un meneo al fútbol en Europa que cambiaría este deporte para siempre.

Arrigo Sacchi construyó en el Milan, entre 1987 y 1991, un modelo único que unió defensa y ataque en un propuesta que sumaría lo mejor del Brasil de Pelé, del Ajax de Johan Cruyff, el Bayern de Múnich de Udo Lattek, el Real Madrid de los 60 y el Inter de Helenio Herrera.

Un equipo, el Milan de Sacchi, que contó con lo mejor de Italia: Galli llegó de la Fiorentina, Donadoni de la Cremonese, Colombo del Avellino, Ancelotti de la Roma, Virdis de la 'Juve' y Evani de la Sampdoria. Jugadores a los que se sumaron tres estrellas únicas: Ruud Gullit, fichado del PSV, Frank Rijkaard y Marco Van Basten, que aterrizaron prominentes del Ajax. Los llamados cracks hoy que en aquel entonces eran la guinda a un pastel que congeniaba los galones de ilustres como Baresi con el talento de jóvenes como Maldini, Costacurta y Tassoti que añadieron sentimiento y compromiso.

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Sacchi ideó, en este sentido, un esquema único que priorizaba el esfuerzo común. El secreto mejor guardado de Sacchi. Un modelo que, además, dejaba siempre libertad a sus piezas para que explotaran al máximo su talento en busca del beneficio de todos. Una fórmula que comparte ahora el Barça de Messi, que tomó por igual el mejor Real Madrid de Zidane y Cristiano Ronaldo y que marcó un antes y un después en la concepción del modelo del fútbol moderno.

Baresi, capo de la defensa, y salvaguardado por Tasotti, Costacurta y Maldini, dirigía la presión al famoso grito de “¡¡Milán!!”. El medio campo lo formaba una línea de cuatro con Rijkaard, que ponía la disciplina táctica que trasladaría al Barcelona como técnico, y que complementaban Ancelotti, Donadoni y Colombo. De enganche ejercía Gullit. Y en punta, un virtuoso del remate:  Marco Van Basten. Un once que, pese a las reticencias primeras, siguió a Sacchi a pie juntillas hasta el final.

Cristiano Ronaldo| EFE

Un legado único

Y es que el gran mérito del técnico italiano fue su legado. Una manera de hacer las cosas que marcó a aquellas generaciones y a las posteriores. Arrigo fue, como Silvio Berlusconi, el empresario que rescató al Milan de la nada a finales de los 80, o Ennio Doris, el socio de Berlusconi y fundador de Mediolanum que apostó por patrocinar aquel equipo en caída libre, un visionario.

Arrigo convirtió la presión individual en un trabajo de todos. Sacchi dejó a un lado lo estrictamente físico para trabajar también lo psicológico, fundamento clave en el fútbol actual. Puede decirse que los modelos de juego tal y como se conocen hoy nacieron con Arrigo Sacchi.

Un Milan, el de Sacchi, que resumió el fútbol en cuatro máximas: el balón, el rival, el compañero y el espacio. Este fue el gran legado del entrenador italiano, además de potenciar el carácter colectivo del juego. Nadie hasta Sacchi había controlado los espacios así. Los futbolistas sin balón eran igual o incluso más importantes que los jugadores con la pelota en los pies. Y con eso se dice todo.

Zinedine Zidane | EFE

Y es que con el Milan de Sacchi nacieron los equipos, y con mayúsculas, en Europa. El técnico revolucionó al fútbol mismo, obligando a cambiar incluso sus reglas, como ocurrió con el fuera de juego posicional.

A esa escuadra que maravilló al mundo se le conoció como el “Milan de los Holandeses”, por Gullit, Rijkaard y Van Basten, pero en realidad era y fue el “Milan de los Italianos”. Y, en concreto, de uno: un tipo innovador, feliz, enérgico, libre, visionario intenso, comprometido y motivador: Arrigo Sacchi, un auténtico inmortal.

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