Berlusconi. EFE

La pregunta de Silvio Berlusconi (y desconocida) sobre la que se construyó el Milan de Sacchi

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La conversación que cambió la historia del equipo italiano

05 de junio de 2019 (09:18 CET)

El Milan de Sacchi arranca, como tantas cosas en la vida, con un pregunta.

El AC Milán era, a finales de los 80, un equipo ramplón en Italia que sobrevivía sin pena ni gloria en el ‘calcio’ y en Europa, donde no era ningún hueso, al contrario. El club lombardo vivía anclado en una profunda crisis de identidad y autoestima. Un equipo que acababa de salir del pozo de la Serie B por el escándalo de las quinielas y que miraba desde muy abajo a la Roma y la Juventus, lo dos grandes de la década en Italia.

El fútbol italiano, y también el Milan, vivía por aquel entonces de la marrullería, del patadón, del 1-5-3-2, del famoso ‘catenaccio’. Variar las tradiciones nunca fue sencillo en Italia, y en el caso del fútbol atreverse a proponer otra cosa era un pecado casi nacional. ¿Algún valiente?

El hombre en la sombra

Dicen que la historia del Milan cambio el día que Silvio Berlusconi le preguntó a su buen amigo, socio y fundador del Grupo Mediolanum, Ennio Doris: “¿Qué necesitamos para arrancar?”. Silvio quería convertir a la entidad milanista en un referente no sólo en Italia, también en Europa, y Doris le respondió: “Lo necesario para crear un equipo campeón”.

Esa fue la respuesta que marcaría los acontecimientos futuros del Milan y la determinación que guio a hombres como Silvio Berlusconi y Doris, que apoyaría a Silvio con el patrocinio del Grupo Mediolanum en la camiseta de aquel equipo de leyenda, a cambiar la historia futbolística de Italia. Una escudada a la deriva; un equipo sin alma, sin personalidad, ni identidad, que terminó siendo el espejo de generaciones futuras y un modelo de éxito a seguir.

El llamado Milan de Sacchi se cementó en base a una idea innovadora y transformadora para el ‘calcio’. La construcción de un nueva forma de hacer las cosas basada en un pensamiento revolucionario que ya había implementado Ennio Doris en el sector de la banca y Silvio en sus negocios. Y, muy importante, partiendo casi de cero.

Sacchi | EFE

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Y es que aquel equipo en manos de Arrigo Sacchi poco o nada tenía que ver con el equipo ganador en el que se convertiría en el futuro. Las dudas asediaban el día a día de un club que quería romper con el pasado, pero que necesitaba un guía, no sólo en los despachos, sino también el campo.

Sacchi fue el hombre elegido, pero los que pisaban el Milan entonces reconocen a viva voz que sin la paciencia, perseverancia y compromiso de Silvio, Ennio y los demás hombres fuertes de la entidad, nada habría sido igual. ¿Por qué?

Italia apodaba a Sacchi como “Don Nadie” y los jugadores recelaban del método de Arrigo incluso en público.

Cuentan, en este sentido, que al antes y después se produjo la noche que RCD Espanyol de Javier Clemente eliminó a los milanistas de la Copa de la UEFA.  La prensa pedía la destitución de Sacchi y algunos jugadores, que venían insistiendo con el cese de Arrigo, se sumaron al carro y presionaron para que rodara la cabeza del entrenador. Explican que, minutos después de caer frente a los pericos, Berlusconi bajó al vestuario, y les dijo a sus estrellas: “Sacchi es mi hombre. ¿Alguien tiene algún problema?”. Y allí ya no volvió a rechistar nadie.

El Milan encadenaría ‘scudettos’, dos copas de Europa consecutivas, copas de Italia y más títulos que catapultaron la apuesta de aquellos hombres a la leyenda.

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