Sara Carbonero | EFE

El tema tabú de Sara Carbonero: “En el pueblo se sabe todo” (y es “feo, feo, feo”)

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El asunto oscuro que arrastra la pareja de Iker Casillas

24 de enero de 2019 (13:55 CET)

Como suele ser habitual, Sara Carbonero fue a visitar a su familia durante las vacaciones Navideñas. No obstante, no estuvo demasiado con los suyos. Apenas uno o dos días. El resto del periodo festivo lo pasó en Oporto, tal y como pudimos ver en su cuenta de Instagram.

Algo que ha ocurrido en también en años anteriores. Y es que parece que a Sara no le apasiona precisamente acudir a su tierra natal. El motivo es el episodio oscuro en el que estuvo metido su padre, Carlos Javier Carbonero García, en Corral de Almaguer. “En el pueblo se sabe todo”, afirman los que conocen este tema tabú que algunos definen como feo, feo, feo”.

El padre de Sara Carbonero estafó los ciudadanos de su pueblo

El origen lo encontramos cuando el padre de la WAG trabajaba en la aseguradora AXA y protagonizó un delito de estafa en el que metió a unos cuantos vecinos de la localidad. Hay que decir que la empresa nada tuvo que ver y que todo habría sido responsabilidad de Carlos Javier.

Nos remontamos al año 2003, cuando Carbonero tenía un problema de ludopatía. Una enfermedad que desembocó en que el suegro de Iker Casillas ofrecía a sus clientes productos de la compañía bajo la promesa de que tendrían beneficios a muy corto plazo. En total, se cuenta que los vecinos llegaron a entregarle montantes que iban desde los 6.500 euros hasta los 230.000. Un dinero que más tarde se gastaría en las máquinas y juegos de azar. Las fuentes aseguraban que se gastaba hasta 10.000 euros a la semana en Loterías y Apuestas del Estado.

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El padre de Sara Carbonero confiesa

 “Es evidente que lo que siempre he creído que era una afición, costumbre o como lo quisiéramos llamar, en algún momento se convirtió en una adicción, que dejé de poder controlar. He intentado ‘solucionar’ esta situación ‘por la tremenda’ (espero que se me entienda)”, reveló el padre de Sara en el Juzgado en el 2010, una vez fue acusado y reconoció por primera vez en público su enfermedad.

El asunto terminó con una pena menor debido a su confesión, aceptación de culpa y a los problemas psíquicos que le llevaron a tal despropósito. Al final fueron dos años de condena.

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