Zubizarreta, el 'cabeza de turco' que se condenó a sí mismo

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El director deportivo del Barça cavó su propia tumba con los fichajes de Vermaelen y Douglas y las declaraciones de Anoeta

Bartomeu, Luis Enrique y Zubizarreta en la Ciutat Esportiva | FCB

05 de enero de 2015 (19:26 CET)

Andoni Zubizarreta (Vitoria, 23 de octubre de 1961), ha acabado su etapa como director deportivo del FC Barcelona de forma traumática. Despedido de malas formas y despachado por la puerta de atrás a consecuencia de unas declaraciones desafortunadas que, probablemente, ni él mismo era consciente del efecto devastador que podían tener. O tal vez sí.

Zubi es el 'cabeza de turco' de una junta directiva cuestionada. Su despido, populista, es el regalo de Reyes a la afición, que lleva meses desencantada con la gestión deportiva de Zubizarreta, pidiendo su dimisión. Es el "responsable de fútbol", como él mismo se definió en su desacomplejada última comparecencia –donde afirmó sentirse respaldado por la directiva–, que pasó de tener un papel testimonial con Rosell a asumir un errático rol protagonista.

El exportero empezó su andadura como director deportivo del Barça en julio de 2010, de la mano del entonces nuevo presidente Sandro Rosell. Su misión era mantener en lo alto a un equipo que venía de ganarlo todo. Y siguió ganando con Zubi y Pep Guardiola al mando. Y volvió a ganar con Tito Vilanova. Pero la llama se fue apagando. Y los cambios, la remodelación, no llegaban.

'Feeling' deteriorado con Guardiola

Guardiola avaló el fichaje de Zubi en su momento, mantenían una buena amistad desde su etapa juntos en el Dream Team de Johan Cruyff. Pero aquella amistad también se vio deteriorada. Otro aspecto favorable a su incorporación era, precisamente, su etapa como futbolista del Barça, cuya portería defendió ocho temporadas. Pero también entonces, y pese a formar parte de una era de leyenda, estaba cuestionado. Y, como ahora, salió por la puerta de atrás.

En aquella ocasión también le tocó ser uno de los 'cabeza de turco' del Drem Team, tras la dolorosa derrota sufrida por el Barça en Atenas, contra el Milan, en la final de la Champions del 14 de mayo de 1994. Sin embargo, y aunque todavía hoy hay quien critica su falta de reflejos o de velocidad en el terreno de juego, dejó un grato recuerdo en el poso del hincha barcelonista. Ello ayudó a que su contratación fructificase a pesar de que tampoco en el Athletic le fueron las cosas bien.

La fatídica búsqueda del central

Zubizarreta ha tenido que tomar decisiones durante cuatro años y medio en el Barça. Menos de las que tendría que haber tomado otro con su jerarquía, pero unas cuantas. Entre ellas, la designación de Tito Vilanova como entrenador y, posteriormente, de Luis Enrique Martínez. Supo contratar a un lateral izquierdo de garantías, como Jordi Alba. Probablemente, el mejor fichaje de Zubi. Sin embargo, fracasó en el gran reto de fichar a un defensa central.

La búsqueda fue complicada. Tenía atado a Thiago Silva por 40 millones de euros en verano de 2012, pero alguien no permitió cerrar la operación. Javier Mascherano hizo las veces de central, cambiando de posición, y llegó Song como refuerzo. El camerunés no funcionó y, tras dos temporadas sin conseguir recuperar al mejor Puyol –finalmente retirado–, Zubi fue a pescar con un cheque en blanco en verano de 2014: Jeremy Mathieu (31 años, 20 millones) y Thomas Vermaelen (24 lesiones en cinco años) fueron lo mejor que encontró.

Una plantilla para dos años que no convence

La guinda del pastel vino con el fichaje de Douglas Pereira, cuando todo el mundo esperaba a Juan Guillermo Cuadrado. El lateral derecho brasileño de 24 años, objeto de deseo del ayudante de Zubi Albert Valentín, no acaba de cuajar en el organigrama de Luis Enrique. Estas decisiones fueron el principio del final de Zubizarreta.

La sanción de la FIFA, ratificada por el TAS, solo fue la excusa para acabar de cargar los rifles contra el bueno de Andoni. Zubi no era directamente responsable de aquella situación, pero si de la confección de una plantilla para dos años, previo gasto de 157 millones de euros, que no colmó las expectativas. A la hora de buscar responsables, Zubi señaló a su superior, el presidente Bartomeu. Este actuó en consecuencia.

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