Un 'Miniclásico' como consuelo al fiasco de la liga de filiales

stop

Inglaterra e Italia disfrutan, al contrario de España, de renovadas ligas donde foguear a sus promesas y rodar a sus lesionados

Gerard Deulofeu, en acción ante el Castilla

26 de enero de 2013 (17:55 CET)

Barça B y Real Madrid Castilla se miden este domingo en un 'Miniclásico' que ha despertado una expectación sin precedentes ni entradas ya a la venta. Beneficiado por una vez por un horario favorable, el barcelonismo podrá recuperar la vieja costumbre de acudir y llenar el Mini Estadi y empalmar los partidos del filial y el primer equipo. 

A pesar de los excelentes resultados del equipo de Eusebio, la escasa asistencia de público convirtió al Mini uno de los estadios más desangelados de la Liga Adelante (la pasada temporada apenas se alcanzaron los 3.500 espectadores de media). Esta circunstancia obligó a la directiva azulgrana a iniciar la campaña Avança't al futur, ¡vine al Mini!, con el fin de recordar a los aficionados el lujo que supone disponer del filial en la segunda categoría del fútbol nacional. Los resultados, esta vez, no se hicieron esperar y más de 10.000 espectadores acudieron a la llamada del club para recibir al Elche. Sin embargo, y a pesar de la indiscutible calidad de los Sergi Roberto, Rafinha, Grimaldo y compañía, ¿es posible mantener este tirón más allá de los partidos ante el líder de la categoría, en los derbis ante Sabadell y Girona, o en las visitas de equipos históricos?

El nuevo modelo británico

En Inglaterra, y después de que el fracaso de su Premier Reserve League motivase la baja voluntaria de clubes como el Tottenham, la Federación (FA) y los órganos de gobierno de la Premiership y el Championship se han puesto de acuerdo para idear un nuevo programa, el Elite Player Performance Plan. Además de contar con las flamantes instalaciones del nuevo centro de formación de St. George's Park, el EPPP ha hecho realidad el viejo propósito de llevar a la práctica un campeonato único de formación con el fin de incrementar el número y la calidad de jugadores de casa (seleccionables) en las primeras plantillas de sus clubes.

Se trata de la recién estrenada Professional Developmente League 1 (o Barclays Under 21 Premier League). En este torneo ideado para 24 equipos, repartidos inicialmente en tres grupos por sorteo, confluyen el interés de los clubes por desarrollar a sus jóvenes valores –la inscripción parte de una solicitud de los propios equipos interesados en participar- y la evaluación por parte de la FA de los programas de formación de cada club y sus instalaciones. Las academias que obtengan la mejor calificación permitirán a sus clubes –independientemente de si militan en la Premier League o el Championship- competir en igualdad de condiciones en la Primera de las cuatro categorías de la nueva liga sub'21.

Por último, y además de brindar a sus nuevas promesas la posibilidad de disfrutar de las mejores instalaciones –cada filial está obligado a jugar al menos dos partidos en el estadio del primer equipo- y de competir en igualdad de condiciones ante jóvenes de su misma edad, los lesionados de larga duración de las primeras plantillas –el mediocampista del Arsenal, Jack Wilshere pudo foguearse en el filial antes de volver a las órdenes de Arsène Wenger- también contarán con cuatro plazas (tres jugadores de campo y un portero) para recuperar el ritmo de competición.

El fracaso del 'proyecto Olabe'

En 2008, Roberto Olabe y Ricardo Testa plantearon un proyecto de liga de filiales en España inspirado (pero con algunas diferencias en el formato de la competición) en el Campeonato Primavera italiano. En el país transalpino, los 42 clubes de Primera y Segunda inscriben cada temporada a sus filiales –por tanto no hay ascensos ni descensos- repartidos en tres grupos de 14 equipos según su área geográfica. La iniciativa, que en Italia persiste desde la década de los 60 y donde participan los equipos de categoría sub'19 reforzados ocasionalmente por futbolistas de hasta 21 años, fracasó en España. A pesar de contar con el apoyo del 80% de los clubes de Primera y Segunda, que nada pudieron hacer ante la rotunda oposición de los clubes de Segunda B y las dudas suscitadas con respecto al elevado coste que supondría a la LFP –a pesar de las nueva fuentes de ingresos en concepto de taquilla, televisión y patrocinio- y a la nueva situación de los segundos filiales o de los equipos vinculados a clubes de Segunda B.

Cinco años después, las circunstancias han cambiado. La nueva liga de filiales liberaría las dos plazas de Barça B y Castilla en la Liga Adelante y las 18 que en la actualidad ocupan los equipos vinculados en Segunda B. De esta forma la categoría de bronce no solo se vería reforzada, sino que permitiría a Federación y LFP sentarse de una vez y replantear la ansiada reformulación de la segunda y tercera divisiones del fútbol profesional. Mientras tanto, las canteras podrían centrarse en su verdadero y único objetivo: la formación de futbolistas de élite.

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad