Un cuarto de siglo sin 'el Pistolero'

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Este sábado se cumplieron 25 años de la muerte de Pete 'Pistol' Maravich, el impulsor de un estilo en el que muchos ven como heredero a Ricky Rubio

06 de enero de 2013 (23:33 CET)

Malabarista, anotador incansable, excéntrico e incomprendido, Pete Maravich fue un jugador de baloncesto único en su especie. Situado en los anales de la historia a medio camino entre Bob Cousy y Magic Johnson, 'Pistol' –así le bautizaron en su adolescencia por su hábito de lanzar a canasta como si disparase un revólver- fue el eslabón perdido en esta Santísima Trinidad de jugadores que revolucionaron la posición de base. Un artista capaz de rendir a sus pies a cualquiera.

Después de asistir en directo a un partido suyo en Nueva Orleans, Bob Dylan llegó a decir de él que "podría haber jugado ciego". Incluso hasta le dedicó unas líneas en su autobiografía Chronicles, en la que confesaba que se "asustó" al oír la noticia de su fallecimiento por la radio.

El 5 de enero de 1988 el corazón de Pete Maravich se negó a seguir latiendo a causa de una malformación coronaria que nunca había sido diagnosticada. Tenía 41 años y murió, como no podía ser de otra forma, con las botas puestas y un balón en las manos. Era su mejor amigo, capaz de girar durante 50 minutos sobre su dedo índice. Su aliado desde que a los siete años, su padre Press, entrenador de la Universidad de Lousiana State (LSU), le enseñase los primeros fundamentos. A los 12, ya le dedicaba ocho horas diarias a practicar no sólo lanzamientos a canasta, sino también toda clase de pases y trucos.

El inventor del
'showtime'

Fue precisamente esa dedicación la que le convirtió en un jugador único. En "el inventor del showtime", según reconoció el mismísimo Pat Riley, técnico de aquellos Lakers que patentaron el término en la década de los 80. Sus pases sin mirar, por la espalda y hasta con el pecho, sus malabarismos y canastas inverosímiles han sido la fuente de inspiración de los playgrounds en las últimas décadas. Sus récords de anotación en la NCAA, donde promedió 44,2 puntos –sin línea de tres puntos– en sus tres temporadas en LSU, responden a esa clase de hazañas (como los 100 puntos de Wilt Chamberlain en un partido o la temporada en la que Oscar Robertson promedió un triple doble) inalcanzables en el baloncesto actual.

Su salto al profesionalismo resultó mucho más traumático. Codiciado por la NBA y la ABA, Pistol se decantó por la primera, motivado por los dos millones de dólares que le ofrecía Atlanta Hawks. Envidiado por sus compañeros –algunos exigieron cobrar "un dólar más" que él- y acostumbrado a que todos los aspectos del juego girasen en torno a él, Maravich comenzó a ser criticado por sus riesgos, innecesarios para muchos. Su delicada situación personal (perdió 15 kilos por una mononucleosis y sufrió una parálisis facial) y familiar (su madre, alcohólica, se quitó la vida en 1973) acentuaron su carácter introvertido.

Después de cinco temporadas en las que superó los 20 puntos de media, Maravich fue traspasado al no haber sido capaz de conducir a los Hawks más allá de la primera ronda de los playoffs. Necesitaba volver a casa y New Orleans Jazz echó el resto para ficharle en un intento por recuperar sus tardes de gloria en LSU. Sin embargo, y a pesar de exhibiciones como sus 68 puntos ante los Knicks (1977) o los 31 puntos de media de aquella temporada, sus problemas en ambas rodillas precipitaron su declive. Tras un breve paso por los Celtics, 'Pistol' anunció su retirada en 1980 para centrarse en la búsqueda del sentido de la vida en el hinduismo, el yoga, la ufología y, finalmente, el cristianismo.

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