Un Barça más épico y menos hegemónico derrota al Celtic en el último suspiro

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Jordi Alba resuelve un partido que se le complicó al equipo de Vilanova con el autogol de Mascherano que la UEFA concedió a Samaras (2-1)

Los jugadores del Celtic lamentan la derrota en el último segundo | EFE

23 de octubre de 2012 (23:00 CET)

El Barça tiene un modelo único y reconocible en todo el mundo por la belleza estética de su fútbol. El balón es su mejor aliado y no hay rival capaz de descifrar su propuesta cuando el equipo activa todos sus mecanismos. Con Pep Guardiola, el Barça solía gobernar con mano dura los partidos. Con Tito Vilanova, el grupo azulgrana sufre algunas desconexiones, pero tiene un perfil más épico, como si le gustara jugar siempre al límite. Ya no resuelve con la suficiencia de antaño, pero nunca se rinde ni se desespera, ni tan siquiera ante un combativo Celtic, derrotado en el último minuto por una aparición fugaz de Alba que resolvió otro duelo de alta tensión (2-1). Ganó el Barça, que suma tres victorias en tres jornadas en una Champions que se decidirá en Wembley, el estadio de las grandes gestas barcelonistas.

Vilanova, el estratega del Barça de Guardiola y, ahora, máximo responsable técnico azulgrana, todavía no ha encontrado la fórmula para minimizar la fragilidad defensiva del equipo, debilitado por las lesiones de Puyol y Piqué. Tras la hemorragia de Riazor, intervino el técnico al dar entrada a Bartra y colocar a Song como mediocentro (Sergio Busquets fue baja por sanción). El Celtic, un grupo de pierna fuerte y físicamente poderoso, exigía una respuesta adecuada, pero el guión de Vilanova se desmoronó con el autogol de Mascherano (la UEFA se lo concedió a Samaras, que tocó previamente el balón con la cabeza) tras una falta lanzada por Mulgrew mientras el Camp Nou gritaba a favor de la independencia de Catalunya (m. 18).

Golpeado por otra desafortunada acción, el Barça se agarró al balón para debilitar al campeón de Escocia. Necesitaba su fútbol más combinativo, de toque, ante un rival bien ordenado y agazapado en su trinchera. Dirigía Xavi, desequilibraba Iniesta y avisaba Messi. Y los tres jugadores, de corta estatura pero inmenso talento, dibujaron el gol del empate en una acción prodigiosa que culminó Iniesta con un toque muy sutil (m. 45). Dos minutos antes, el grupo de Neil Lennon recibió otra mala noticia con la aparatosa lesión de Samaras, su referente en ataque.

Malabarismos de Iniesta y Messi

El desenlace del primer acto premió la perseverancia de un Barça mucho más intermitente en el inicio del segundo. Menos hegemónico con el balón, el equipo azulgrana sufría horrores con cada contraataque del Celtic, más descarado cuando el partido se agitó para deleite de su animosa afición. Veinte minutos tardó el grupo de Vilanova en rematar por primera vez a puerta, activado otra vez por los malabarismos de Iniesta y Messi, dos futbolistas ajenos a la ansiedad del Camp Nou.

El Celtic, activado otra vez el fútbol de autor del Barça, se replegó en su área, obsesionado con proteger a Forster y taponar todos los pasillos posibles. El suyo era un increíble ejercicio de supervivencia ante la avalancha azulgrana final. El poste aplazó su caída tras un remate de Villa, pero Alba fulminó su gesta en el último suspiro (m. 94) con un gol milagroso que acerca al Barça hasta los octavos de final de la Champions.

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