Rosell hipotecó la Masía y el Barça del futuro

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El nuevo proyecto pasa por reconducir los valores del club y acabar con todo lo que huela a Sandro

Sandro Rosell, en el acto de inauguración de la Masía

06 de abril de 2015 (00:00 CET)

Efecto bumerán. El presidente del FC Barcelona, Josep Maria Bartomeu, pone parches a las chapuzas de gestión de su antecesor, Sandro Rosell. Quiere acabar con todo lo que huela a rosellismo. Paradójicamente, es lo que intentó el dirigente huido con Joan Laporta, el líder de la etapa deportiva más gloriosa de la historia de la entidad. Tal fue la cantidad de lejía que vertió Rosell en el club, que no sólo borró las huellas del pasado, sino que hipotecó la Masía, el futuro.

El Barça ha perdido el control sobre el fútbol formativo, su gran seña de identidad. La cabeza de José Ramón Alexanko, director deportivo de la Masía (2005-10), fue una de las primeras medidas que adoptó Rosell. Y el castillo de naipes comenzó a desmoronarse. Guillermo Amor no supo administrar el legado de su antecesor, un profesional recto y exigente bajo cuyo mandato ascendió el filial a Segunda División. Luis Enrique era el técnico de aquel Barça Atlètic campeón. Cómo ha cambiado el escenario: el fútbol base cerrará una de las temporadas más aciagas de los últimos años y el filial huele a Segunda B.

Roura, un estorbo recolocado

Ahora es Jordi Roura, el inseparable del malogrado Tito Vilanova, el encargado de dirigir el fútbol formativo. Su nombramiento fue decidido con el corazón y ha demostrado que tiene la misma capacidad de liderazgo que cuando sustituyó al ex técnico en una de sus bajas por enfermedad. Uno de los últimos episodios protagonizados por Roura es el presunto insulto a los cadetes del equipo La Floresta, según el entrenador del equipo rival. Persona con más actitud que aptitud, Roura se ha convertido en un estorbo para el club tras la ausencia de Tito.

El error más grave de la etapa de Rosell, más allá incluso del caso Neymar, es la desobediencia a la FIFA en el caso del fichaje de mejores extranjeros. "¿A mí, al Barça, nos va a castigar la FIFA?", se jactaba el ex presidente cada vez que recibía una notificación del ente rector, presidido por Joseph Blatter. Ocultaba estas advertencias a los directivos y la FIFA actuó en un gesto que le daba fuerza antes de las próximas elecciones: multa para el Barça, prohibición de fichar y los menores irregulares, inhabilitados.

Fuga de cerebros

En este escenario son varios los jóvenes que ya han hecho las maletas para no volver. La inhabilitación prohíbe jugar hasta dentro de cinco años a algunos jugadores. Es el caso de Take Kubo, el japonés que se ha despedido de los compañeros del Infantil A en marzo. Es extracomunitario sin ningún vínculo con Barcelona –sus padres no trabajaban en España antes del fichaje—. Imposible que juegue hasta 2019, cuando cumpla la mayoría de edad. Pero no es el único. Kais Ruiz, interior francés, abandonó el club en enero vista las dificultades de jugar antes de 2018.

Bartomeu y su equipo han tratado de poner color en este panorama desolador negociando con la FIFA, primero, y rompiendo relaciones institucionales con el organismo, después. Remota parece la medida de gracia de Blatter si es reelegido presidente del ente rector. No lo ha hecho nunca, a pesar de los rumores que circulan ahora entre bambalinas.

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