Reflexiones sobre la fatiga ¿muscular? en el tramo final de la Liga

07 de marzo de 2015 (09:52 CET)

Los equipos enfilando ya el tramo final de la Liga y la tensión se empieza a palpar de forma considerable en el ambiente. Mientras algunos afortunados batallan por el título de campeón, otros luchan encarnizadamente en la parte inferior de la tabla, aferrándose con uñas y dientes a la Primera División. La diversión está servida.

Pero la tensión no es la única invitada a la fiesta del final de la Liga. La fatiga, la invitada de honor, empieza a dejarse ver cada vez más durante los últimos encuentros. Y  no es para menos, la cantidad de partidos jugados (muchos de ellos en horarios muy discutibles), entrenamientos, Copa del Rey, Champions y Europa League, y otros compromisos varios, van acumulando fatiga sobre los jugadores y clubes.

La fatiga ha estado tradicionalmente ligada a una visión reduccionista. Esta perspectiva entiende que la fatiga aparece a medida que el músculo disminuye su capacidad para generar fuerza, poniendo así los límites del rendimiento deportivo en la misma célula muscular y en su metabolismo. De este modo, no es raro escuchar afirmaciones del tipo: "Tiene sobrecarga muscular", "se siente fatigado muscularmente" y un sinfín de términos relacionados con "fatiga muscular". 

Pero, dado que el organismo humano (y por supuesto también los equipos) está formado por un sinfín de subsistemas que interactúan entre sí de forma no lineal, resulta difícil ubicar la fatiga en un único lugar. La integración no lineal hace referencia a que un pequeño cambio en una variable (p.e., un leve incremento en la fatiga acumulada de un equipo) puede generar un cambio grande en el comportamiento global (p.e., mala coordinación entre los jugadores, lentitud en el juego, derrotas…). 

Un jugador (o equipo) empezará a sentirse fatigado no únicamente cuando sus células musculares empiecen a perder eficacia en sus procesos de recuperación o aumenten su rigidez, sino también cuando dichas células pierdan la capacidad de actuar en sinergia juntamente con el resto del sistema neuromuscular, corazón, sistema nervioso y, a su vez, de hacerlo en coherencia con el entorno que las rodea durante el partido o entrenamientos (compañeros de equipo, contrincantes…). Es en este momento en el que los jugadores/equipos empezarán a reducir su rendimiento o, lo que es peor, a caer (o recaer) en lesiones.

Teniendo en cuenta esta premisa, los procesos de recuperación de los futbolistas no deberían quedarse exclusivamente a nivel muscular (masajes, estiramientos…). Sino que deberían también ir encaminados a mejorar el grado de interacción entre los diversos subsistemas arriba mencionados, para intentar minimizar los efectos de la fatiga acumulada.