Pabellones cinco estrellas, la asignatura pendiente del Viejo Continente

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El Palau Sant Jordi tendría que acometer reformas multimillonarias para albergar partidos de la NBA

Vista general del Barclays Center de Brooklyn

12 de enero de 2013 (14:51 CET)

Multiusos de 765 millones de euros, reformas de hasta 650 millones en complejos de ocio en los que además de asistir a un partido o a un concierto, la jornada se convierte en una oda al consumismo. Así son los pabellones de la NBA, recintos exclusivos que van mucho más allá del parqué de su pista. Centros comerciales de alta gama, con infinidad de comercios, tiendas de lujo, locales de restauración de todos los estilos imaginables, gimnasios, clubes nocturnos y guarderías, que hoy por hoy son la gran asignatura pendiente para que Europa pueda cumplir el viejo sueño de contar con una conferencia propia en la NBA.

Una realidad lejana pero no imposible. A pesar del frenazo que han experimentado las aspiraciones expansionistas de la mejor liga de baloncesto del mundo por culpa de la crisis global. Y a tenor de las declaraciones del todavía comisionado David Stern, quien ha cifrado en "20 años" el plazo de integración de franquicias europeas en la NBA.

Londres da el primer paso

Por el momento, Berlín y Londres –que este próximo viernes 17 acogerá un Knicks-Pistons, el primer partido oficial de la historia en suelo europeo- son de momento las únicas capitales europeas con pabellones que cumplirían inicialmente con los requisitos necesarios. Sin embargo, la escasa relevancia del deporte de la canasta en estas dos ciudades obligaría a la NBA a mirar a otras ciudades y mercados, donde tradicionalmente el baloncesto ha contado con una mayor importancia. Moscú, Belgrado, Atenas, Estambul, Milán, París y por supuesto Madrid y Barcelona –quién sabe si en una reedición de Eurovegas- deberían pelear por figurar en la hipotética ampliación de la liga, a la que también debería optar, por instalaciones –que no por mercado, Vitoria.

Más allá de la definición de la estructura de las nuevas franquicias, de su cohabitación con la Euroliga y los campeonatos domésticos, y del formato de competición (número de equipos, formato de las giras a ambos lados del Atlántico...), el principal impedimento para estas ciudades es que, a pesar de contar con recintos relativamente nuevos como el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid o el Palau Sant Jordi, ninguna de ellas cuenta con un pabellón que cumpla con las necesidades y exigencias de la NBA.

El elevado precio de pertenecer a la NBA

Levantar un pabellón 'cinco estrellas', o en su defecto reconstruir un recinto como el Palau Sant Jordi o el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, tampoco está al alcance de cualquiera. Y mucho menos en una situación como la actual. A pesar de que los 29 millones invertidos por la Diputación Foral de Álava en la ampliación del Buesa Arena y los 28 que habría costado la espectacular ciudad deportiva del Baskonia (BAKH) junto al nuevo pabellón puedan resultar mucho menos mareantes que los 650 millones de la reforma del Madison Square Garden.

El Chesapeake Energy Center de Oklahoma City y sus cerca de 160 millones de euros (68 en su proyecto inicial y 88 en su última remodelación en 2010) deberían ser otro de los modelos a seguir en caso de que las nuevas franquicias optasen por edificar un nuevo pabellón. Sin embargo, y a pesar de la espectacularidad del Amway Center de Orlando –su construcción se ha cifrado en torno a los 375 millones, idéntica cantidad a la presupuestada en el proyecto del nuevo 'arena' con el que Seattle ultima el proceso para refundar a sus Sonics, en la NBA comienzan a proliferar pabellones de un billón de dólares (765 millones de euros) como el flamante Barclays Center de Brooklyn o el futuro en San Francisco, donde los Warriors de Golden State se mudarán en 2017 dejando atrás la vecina ciudad de Oakland. Una moda, sin lugar a dudas, dificilmente alcanzable en Europa. Aunque Stern ya hable a dos décadas vista.

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