Orgullosos de ser de barrio

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Rayo y Real Madrid, dos realidades contrapuestas y antagónicas, frente a frente en Vallecas (21:30 horas)

Mosaico en el estadio Teresa Rivero

23 de septiembre de 2012 (12:36 CET)

Apenas diez kilómetros les separan. Sin embargo, Rayo y Real Madrid son dos clubs antagónicos. Dos realidades paralelas, a la par que contrapuestas, que este domingo volverán a enfrentarse en Vallecas. Cada uno, con su discurso, con sus objetivos. Unos, con la humildad y la modestia por bandera, representando a uno de los distritos más populares de la capital del Estado. Otros, con la vitola de haberse convertido en una multinacional que ingresa millones de euros al cierre de cada ejercicio. En esta ocasión, las circunstancias son totalmente diferentes, con los blancos en la zona baja de la tabla con solo cuatro puntos y los franjirrojos, en puestos europeos tras un esperanzador inicio de campeonato.

En un fútbol cada vez más globalizado y mercantilista, el Rayo Vallecano es (junto con el Levante) una especie en vías de extinción. Tal y como sucede en metrópolis como Londres, Río de Janeiro o Buenos Aires, Madrid y Valencia pueden presumir de contar con sendos cotos que transportan al aficionado a otros tiempos, donde el fútbol de Primera podía jugarse a las 12 de la mañana sin que se tratase de un imperativo por parte de las televisiones. Y donde los bigotes, las camisetas limpias de patrocinadores y los pantalones ajustados estaban a la orden del día. Es el encanto de los equipos de barrio, cada vez más castigados por las imposiciones de un espectáculo convertido en negocio, y que mantienen intacta la esencia del fútbol.

Una estructura familiar, un club diferente

Presenciar un partido en el Teresa Rivero es una experiencia más que recomendable para cualquier amante del Deporte Rey. Desde los prolegómenos, en los aledaños de la avenida de La Albufera, frontera natural entre la Madrid cosmopolita y el distrito obrero de Vallecas. En sus bares de toda la vida -como el que regenta desde sus días de jugador el excapitán Cota justo debajo de la tribuna principal del estadio- no hay lugar para la cocina fusión. Ni lo necesitan. Allí mandan las cañas, acompañadas de sus respectivas tapas de bravas a la madrileña, jamón o el clásico bocata de calamares. Sin duda, el complemento perfecto antes de acceder al estadio.

Por encima de presidentes y accionistas mayoritarios, el espíritu del Rayo permanece intacto. Su estructura sigue siendo la de un club modesto. Como una familia. Y no precisamente tan numerosa como la de sus últimos propietarios.

Hasta hace bien poco su jefe de prensa Fernando López compaginaba esta labor con la de delegado de equipo. El primer equipo sigue nutriéndose fundamentalmente de jugadores salidos de las categorías inferiores (eso sí, procedentes cada vez de rincones más lejanos). Y en su hinchada, básicamente formada por vecinos del distrito pero también por recién llegados a la capital seducidos por su condición de equipo 'antisistema' (léase en clave futbolística), no hay sitio para grupos de extrema derecha, como también ocurre en otras instituciones entrañables como el St. Pauli alemán. Todas estas razones convierten al 'Rayito' en una entidad diferente, que este domingo vestirá sus galas de siempre para recibir al vecino rico. Y es que a pesar de todo, el fútbol sigue siendo un deporte en el que juegan once contra once.

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