Nueva Orleans recibe con los brazos abiertos la inyección económica de la Super Bowl

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La final de la NFL que enfrenta a San Francisco y Baltimore reportará unos 320 millones a la ciudad

Una dependienta de Nueva Orleans coloca un póster conmemorativo de la Super Bowl

03 de febrero de 2013 (15:39 CET)

La Super Bowl a ritmo de brass band. El partido más esperado del año para el público estadounidense permitirá en la madrugada del domingo al lunes a los ciudadanos de Nueva Orleans volver a sentirse el centro de atención del mundo. Aunque afortunadamente, por motivos bien diferentes a los de aquel inolvidable mes de agosto de 2005, cuando la tragedia del Katrina sacudió y cambió sus vidas para siempre. 

A diez días de su mundialmente reconocido Martes de Carnaval, The Big Easy –como así se la conoce cariñosamente- se prepara para vivir su particular Dimanche Gras. Justo en el fin de semana previo a la fiesta que convierte su barrio francés y los aledaños de la turística Bourbon Street en uno de los lugares más concurridos del mundo junto al Sambódromo de Río y los canales de Venecia. Aunque solo por esta vez, en su Mercedes-Benz Superdome –el mismo que sirvió como refugio a miles de personas durante el huracán y cuya reconstrucción se ha elevado hasta los 240 millones de euros, las máscaras dejarán paso a los cascos y protecciones que se enfundarán los jugadores de Baltimore Ravens y San Francisco 49ers.

Estas dos franquicias, la undécima y la novena más valiosas de la NFL –con sendos valores de mercado de 1.175 y 1.320 millones de euros, respectivamente- serán las protagonistas en una Super Bowl que, según esperan las autoridades locales, ha de suponer el punto de inflexión que determine oficiosamente el regreso a la normalidad de Nueva Orleans. Su consagración como sede de grandes eventos deportivos después haber albergado el All Star Weekend de la NBA en 2008 o las finales universitarias de fútbol americano y baloncesto, en 2008 y 2012 respectivamente.

Una ciudad que nunca volverá a ser la que fue

A pesar de los 880 millones de euros invertidos en la renovación de infraestructuras como el aeropuerto, el ayuntamiento o el centro de convenciones, y en engalanar arterias como la Loyola Avenue con vistas a un evento que atraerá a 150.000 personas, generará 6.000 puestos de trabajo y dejará unos 320 millones en la ciudad, la reconstrucción de NOLA –retratada de forma magistral para la posteridad en la serie de David Simon, Treme- todavía no puede considerarse un hecho.

Aunque en 2010 su censo volviese a superar el 1,2 millones de habitantes después de haberse visto reducido a apenas una cuarta parte de su población en los meses posteriores a la tragedia. Según un informe de la Alianza Nacional para personas sin hogar (NAEH), el número de vagabundos en el área metropolitana de Nueva Orleans ascendía en febrero de 2012 hasta los 6.700, el segundo más alto de todo el país (56 por cada 10.000 habitantes, por los 57 de Tampa). Mientras, en lo referente a la educación, y si bien el programa Recovery School District ha acondicionado 88 de los 110 centros que fueron asolados por el Katrina, un 34% de los alumnos todavía recibe clases en "condiciones académicas inaceptables", según un informe publicado por EducationNext. Las autoridades locales ya saben pues en qué invertir los 19 millones en impuestos que se embolsarán durante el fin de semana de la Super Bowl.

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