Messi acude al rescate de un Barça a punto de encallar en Riazor (4-5)

stop

Un nuevo 'hat trick' del argentino enmienda los errores defensivos ante un Deportivo, que soñó con la épica tras el 0-3

Cesc y Messi celebran uno de los tantos del argentino

20 de octubre de 2012 (21:09 CET)

Partido loco, no. Lo siguiente. Todo un partidazo. El Barça salió indemne de Riazor tras un encuentro cuyo resultado lo dice todo. Un 4-5 memorable, también cargado de sufrimiento. Mucho sufrimiento. El motivado por un Deportivo, que acarició la épica ayudado por los de Tito Vilanova, tan demoledores en ataque como calamitosos en defensa. Messi, con tres goles –mención especial al quinto azulgrana-, volvió a resultar crucial para evitar un empate o una derrota, que después de haber disfrutado de un 0-3 a los 17 minutos habrían podido marcar un antes y un después en esta Liga.

Si algo ha caracterizado a la ciudad de A Coruña es por la condición traicionera de su entorno, que hace más de dos milenios obligó a los romanos a edificar esta maravilla del mundo que es la torre de Hércules. En el último cuarto de siglo, dos barcos, el 'Urkiola' y el 'Mar Egeo', embarrancaron frente a su costa tiñendo de negro las aguas de la ría. Este sábado, otro transatlántico, el Barça estuvo a punto de encallar y oscurecer muy mucho su futuro en el campeonato, dejándose dos o tres puntos que serían los primeros en aparecer en las calculadoras cuando éstas hiciesen acto de presencia. En Riazor, frente a la playa, Leo Messi ejerció de capitán para dar un golpe de timón a un partido a la deriva, por obra y gracia de la desastrosa actuación de Paradas Romero –señaló un penalti inexistente que despertó al Deportivo- y de la endeblez defensiva azulgrana.

De la sentencia a los errores
Tres goles en poco más de un cuarto de hora fueron el caro precio que pagó el Deportivo por su tardía comparecencia defensiva. Con Cesc Fàbregas ofreciendo su mejor versión como asistente, aprovechando los movimientos estáticos de la zaga gallega, Jordi Alba, Tello y Messi colocaron un incontestable 0-3 con olor a sentencia. Nada de eso.

Pasado el minuto 20, el Deportivo se desperezó y comenzó a pisar el área de Valdés. La falta fuera del área de Mascherano sobre Riki, convertida en penalti por Paradas, abrió los ojos definitivamente a los de Oltra, que captaron el mensaje subliminal que les ofrecía la zaga azulgrana. Y es que por muy amplia que sea su renta, los despistes o excesos de confianza cometidos en defensa están empezando a convertirse en un denominador común que suele acabar complicando los partidos a los de Vilanova. Da igual lo bien que se hagan las cosas en ataque.

El segundo gol blanquiazul fue el mejor ejemplo. A la salida de un córner, el canterano Alex Bergantiños pudo conectar un chut desde la frontal sin que nadie le saliese al paso. 2 a 3 y partido nuevo. O no. Porque justo después, Messi –nuevamente a pase de Cesc- apareció para tranquilizar los ánimos antes del descanso. Pero ni con ésas.

Sufrimiento en inferioridad
Con el 2 a 4 volvió momentaneamente la tranquilidad. Sin embargo, y superado su patinazo inicial, el Deportivo apenas tenía que hacer nada para batir a Valdés. Un libre directo perfecto ejecutado por Pizzi justo en la reanudación devolvió la esperanza a la bancada coruñesa. Achuchaban los gallegos y en una de sus aproximaciones, Mascherano vio su segunda amarilla. Tan rigurosa como desconcertante para un Vilanova, que tuvo que recurrir nuevamente a Adriano como central y a Xavi como contramaestre.

La irrupción del de Terrassa en el partido acabó resultando providencial. Su control del tempo contribuyó y mucho para que los nervios motivados por el 'rouge' blanquiazul no se contagiasen en un equipo en inferioridad. El partido, a pesar de todo, estaba controlado. Tanto, que permitió a Messi volver a hacer de las suyas y en una cabalgada marca de la casa, firmar un golazo nuevamente decisivo. Porque el Depor, mutado otra vez en ese equipo de antaño capaz de creer en las empresas más difíciles no se rindió, y se encontró con un nuevo desbarajuste defensivo, en forma de vaselina de Jordi Alba que batió a Valdés.

Así es Riazor, un túnel del tiempo capaz de trasladarnos a los tiempos de la antigua Brigantium. O a aquéllos en los que el Barça del Dream Team compaginaba la genialidad más absoluta con el desastre. Como en aquella remontada inolvidable del Atlético en el Calderón tras los tres goles de Romário en el primer tiempo. Afortunadamente para los de Vilanova, en esta ocasión, apareció Leo Messi, el capitán, para impedir el hundimiento.

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad