Los estadios mundialistas, una ruina para Brasil

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La inseguridad de los estadios impulsados por la FIFA y su elevado coste, un peaje para el país sudamericano

La selección brasileña entrena en el Estadio Castelao (Fortaleza) durante el pasado Mundial.

05 de mayo de 2015 (00:00 CET)

Más de 6.000 millones de euros de inversión y, un año después, Brasil se ha dado cuenta de que los estadios construidos para el Mundial son una ruina económica y deportiva para el país. Un evento deportivo que ya nació entre protestas y manifestaciones ha visto como su legado, los campos de fútbol, no están preparados para albergar partidos de la liga brasileña.

"La infraestructura del estadio no se hizo para los aficionados al fútbol de Brasil", apuntaron fuentes policiales este lunes. "Es fácil para los aficionados invadir los campos, retener una turba rebelde es difícil". La FIFA remodeló los terrenos de juego eliminando las fronteras entre la grada y el césped: Las vallas y los fosos que dificultaban el acceso al campo a los aficionados radicales.

Un fin de semana conflictivo

Este fin de semana se registraron incidentes en el Estadio Castelao (Fortaleza) y en el de Beira-Rio (Porto Alegre). En el Castelao, el Fortaleza EC y el Ceará SC se disputaban la final del campeonato de Ceará. Los primeros se impusieron, algo que propició una invasión de público para celebrar el triunfo. La avalancha fue respondida por los seguidores rivales y se desencadenó una batalla campal que fue disuelta por la fuerzas de seguridad con bombas de humo.

Algo parecido sucedió en las gradas del Estadio Beira-Rio. En la final del Campeonato Gaúcho, el Internacional superó al Grémio y la torçida gremista pagó sus iras con el mobiliario del campo. Ante las mofas de la hinchada rival, los aficionados arrancaron más de 150 sillas para lanzarlas a sus oponentes, situados en el nivel inferior.

¿6.000 millones a la basura?

Ambos recintos albergaron encuentros importantes el pasado Mundial. Por sus canchas pasaron futbolistas como Messi o James Rodríguez y las selecciones de Brasil y Alemania. Sin embargo, el perfil de aficionado festivo y pacífico de la Copa del Mundo, dista mucho de las aficiones, muchas veces violentas, que pueblan el campeonato brasileño.

Así, tras más de 6.000 millones de euros invertidos, Brasil se encuentra con recintos inservibles para su competición doméstica. Un dispendio que sobrepasa de largo los casi mil millones presupuestados para esta faceta. Deberá incrementarse si quiere erradicar los comportamientos violentos.

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