La vanidad, la divisa de Joan Laporta

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El expresidente del Barça busca las muestras de cariño de los socios y aficionados del club en sus paseos por un conocido centro comercial

22 de enero de 2015 (10:11 CET)

Joan Laporta suele moverse muy cerca de la plaza Francesc Macià. Ha cambiado el Pipper's, donde acumuló una buena deuda, por el Daps y en sus ratos libres hasta se pasea por El Corte Inglés. Siempre espera un saludo y buenas palabras en el centro comercial. Si nadie le hace caso, algunas fuentes dicen que acude a la sección de perfumería y prueba alguna colonia cara. Cuando se le acerca una dependienta o un visitante, sonríe, sobre todo si le reconocen y le hacen arrumacos. Su vanidad, entonces, ya está satisfecha.

Laporta tiene fama de ser muy narcisista y ególatra. El expresidente del FC Barcelona dedicó los mejores años de su vida al servicio del club. Y los disfrutó a lo grande, con todo tipo de lujos y excesos, sin apenas dosificarse. En su último año como máximo dirigente, su tarjeta de crédito echaba humo, pero no pudo prolongar tanta felicidad al no encontrar un sustituto que pudiera derrotar a Sandro Rosell en las elecciones de 2010. Inmediatamente se pasó a la política, pero nada era igual.

En política, Laporta ha fracasado y ahora ultima su precandidatura a la presidencia del Barça. Necesita la fama para sentirse vivo y se crece cuando aficionados y socios del club le piden que regrese.

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