La maldición de Bela Guttman atormenta al Benfica

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El club de Lisboa ha perdido las cinco finales de la Copa de Europa desde que despidió al técnico húngaro en 1962

El técnico húngaro / Archivo

30 de septiembre de 2012 (18:31 CET)

El Benfica, históricamente el club hegemónico de Portugal, cometió el peor error de su vida en 1962. Tras derrotar al Real Madrid (5-3) y ganar su segunda Copa de Europa consecutiva (un año antes venció al Barça), despidió a Bela Guttman. El técnico húngaro, molesto, se encaró con los directivos y lanzó una maldición que todavía atormenta al equipo lisboeta: "Sin mi, el Benfica no volverá a ganar la Copa de Europa". Desde entonces, el Benfica ha disputado cinco finales de la máxima competición continental y las cinco ha perdido. En 1963, en 1965, en 1968, en 1988 y en 1990.

La profecía de Guttman es una pesadilla que, año tras año, castiga al Benfica. En 1990, el mejor futbolista del equipo portugués de toda la historia, Eusebio, visitó su tumba e imploró que el Benfica derrotara al Milan en Viena. De nada sirvieron las pregarias de 'La Pantera de Mozambique', pues el partido concluyó con derrota lisboeta. Antes y después, directivos y jugadores suplicaron también al técnico fallecido que levantara su castigo. Sin éxito.

Ayuda divina durante la Segunda Guerra Mundial

En Lisboa, en la Lisboa benfiquista, Guttman alcanzó gran notoriedad como estratega. Mucho antes, en 1921, abandonó Hungría y se trasladó a Viena, donde jugó en el Hakoah (fuerza en hebreo), un equipo formado por futbolistas judíos que fue la gran referencia del fútbol en Austria. Después, como entrenador, fue venerado, pero también temido, en el Enschede holandés. A principios de temporada pidió una prima millonaria por ganar la liga, concedida ante las escasas opciones del equipo, que peleó por el título hasta el final. De haber conquistado el campeonato, aseguraban los directivos, el club hubiera acabado arruinado.

Buen futbolista y entrenador genial, poco se sabe de su vida entre 1939 y 1945, es decir durante la Segunda Guerra Mundial. Él se limitó a proclamar que "Dios me ayudó". También entrenó en Hungría, en Italia, en Argentina y en Brasil, entre otros muchos países. Y su primer equipo en Portugal no fue el Benfica, sino el Oporto.

El fichaje de Eusebio

En Lisboa, cuenta la tradición oral, Guttman construyó el mejor equipo del Benfica en una peluquería y exigió el fichaje de Eusebio, que tenía un acuerdo verbal con el otro club de la capital, el Sporting de Portugal. Aquella sociedad perfecta alcanzó su cénit con su victoria en la final de la Copa de Europa de Amsterdam, ante el Madrid. Poco después llegó la maldición de Guttman y la decadencia deportiva del Benfica, club polideportivo como el Barça que, con 200.000 socios, es la entidad con más abonados de Europa.

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