La liga de desarrollo de la NBA, un negocio ruinoso para equipos y jugadores

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En sus 12 temporadas, la NBA D-League acumula 16 franquicias desaparecidas o cambios de ciudad

Antoine Walker, otrora estrella en Heat y Celtics, estiró su carrera en Idaho Stampede

07 de diciembre de 2012 (21:14 CET)

Para los dirigentes de la NBA, su liga de desarrollo es un exitoso proyecto de cantera por el que han pasado, entre otros, fenómenos mediáticos –que no baloncestísticos- como Jeremy Lin. Sin embargo, muchos de sus exjugadores o expropietarios no deben pensar lo mismo. En su corta vida, la NBA D-League cuenta con más de una franquicia desaparecida por temporada de media (16 en 12), fiel reflejo del más que cuestionable negocio de un campeonato que apenas alcanza los 3.000 espectadores en buena parte de sus partidos, y que ha obligado a la NBA a una reformulación constante que puede tener en el auge de las franquicias asociadas a una sola nodriza –este año ya son 11- su solución más viable.

Por la D-League rondan viejas glorias del deporte de la canasta arruinadas y que intentan asegurarse sus últimos dólares jugando al baloncesto (como fueron los casos de Antoine Walker o Greg Ostertag) y lesionados en busca del rodaje necesario para volver a su máximo nivel. También, universitarios y 'amateurs' sin 'draftear', descartes que después de alguna experiencia en el extranjero han optado por quedarse en su país esperando una nueva oportunidad (el ex de la universidad de Memphis y de la Virtus, Chris Douglas-Roberts), y un mínimo de dos jugadores por equipo 'cortados' momentaneamente por las franquicias de la NBA.

Claver mantiene su sueldo y su contrato


Es el caso del internacional español Víctor Claver, quien compaginará convocatorias en Portland Trail Blazers y en su equipo vinculado, Idaho Stampede, con el que se medirá a otros descartes como su excompañero en Valencia, el francés Nando de Colo, el ex de la 'Penya' Christian Eyenga, a algunos novatos de postín que no han acabado de cuajar como Jeremy Lamb y Dontell Jefferson, o a veteranos en busca de un contrato de diez días como Melvin Ely o el excompañero de José Calderón en Toronto, Jamario Moon.

A pesar del paso atrás que puede suponer una cesión a la liga de desarrollo, el futuro de Claver sigue pasando –al menos hasta el final de temporada- por Portland, puesto que al pertenecer a la categoría de descartes procedentes de la NBA su contrato con los Blazers permanecerá intacto, pasando a ser uno de los jugadores mejor pagados de la plantilla de Idaho.

Para el resto de sus compañeros –que tal y como ocurre en las ligas de fútbol de Oriente Medio se comprometen contractualmente con la propia liga y no con la franquicia que los ha elegido, sus salarios rondarán entre los 9.000 y los 19.000 euros de media. Muy lejos del mínimo de 365.000 euros estipulado en la NBA, pero también muy por encima de las retribuciones en otras ligas como la ABA (7.500 por 36 partidos) o la PBL (entre 2.700 y 6.500 euros por 12 semanas de competición), donde jugadores como Kevin Pittsnogle, un exjugador de la NBA D-League ha renunciado a recurrir, decantándose por su regreso a las aulas como profesor. Allí se asegurará un suelo igual o superior al que obtendría en las ligas menores.

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