La intrahistoria de la pelea mortal Frente Atlético-Riazor Blues

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La refriega mortal emerge de una carambola: en el mundo ultra predominaba la idea que los radicales atléticos "habían perdido músculo" tras el ocaso de Ultras Sur

Viaje del Frente Atlético al Sánchez Pizjuán de Sevilla.

02 de diciembre de 2014 (19:47 CET)

La intrahistoria de la brutal pelea entre Frente Atlético y Riazor Blues del domingo, que acabó con la muerte del ultra 'Jimmy', es sólo una. Pero subyace en todas y cada una de las consecuencias de la batalla campal de Madrid Río: la agresión mortal, los vídeos, el uso de armas, la condena en redes y, por último, el cierre de la grada del Frente Atlético. ¿Qué se esconde tras el viaje -pactado o no, la investigación policial lo dirá- de Riazor Blues a la capital de España el domingo?

La idea es el poder. O la pérdida del mismo. En el mundo de los radicales predominaba la sensación de que en la capital de España había poco músculo ultra. Un primer episodio en este sentido fue el destierro y ostracismo de Ultras Sur. La temida grada más violenta y derechista del Real Madrid se ha reconvertido hoy en una grada de animación mucho más familiar.

Clausewitz en el deporte español

El ostracismo de Ultras Sur es, paradójicamente, el detonante de la pelea entre los radicales del Atlético de Madrid y el Deportivo. El universo de los radicales del fútbol se lee en coordenadas de Carl von Clausewitz: la calle es la continuación del estadio, igual que la guerra lo era de la política, según el filósofo. Los grupos de animación deben demostrar poderío en ambas esferas. Así, el más fuerte necesita un alter ego, una némesis para mostrar que rinde dentro y fuera de los estadios deportivos.

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La "prueba definitiva" del ocaso del mundo ultra en Madrid era, algunos defendían, el conflicto con Suburbios Firm (foto superior), la facción más radical del Frente Atlético. Este grupúsculo mantiene buenas relaciones con la célula de Ultras Sur aún activa, la que está desterrada del Santiago Bernabéu. Dicha amistad le valió la expulsión sumaria de la grada del Calderón.

Un Frente debilitado

Ésa es precisamente la pieza del rompecabezas ultra: en la cosmovisión radical, el Frente Atlético era una bestia tocada de muerte. Por dos motivos: primero, por la marcha de Antonio Menéndez El Niño, un exatlético que hoy dirige lo que resta de Ultras Sur. Segundo, por la defenestración de Suburbios Firm, una sección que mantiene un canal de comunicación fluido con el grupo de El Niño.

Tanto es así que después de la agresión mortal a Francisco Javier Romero Taboada, el propio Niño mostró en Twitter (foto inferior) su "solidaridad" con los atléticos. Aunque, en teoria, se encuadran en equipos archienemigos.

Falto de músculo, el Frente Atlético era considerado por muchos un animal herido. En el microuniverso ultra, los grupos rivales tenían una ventana de oportunidad para 'marcar' territorio enemigo. Especialmente los de izquierdas. Y, en este lado de las filiaciones políticas, el grupo colchonero tiene una buena cosecha de rivales. De hecho, el grupo ultra atlético mantiene pocas vías de diálogo fluidas: las únicas que se le conocen son Supporters Gol Sur (Betis), Ultra Boys (Sporting de Gijón, erróneamente culpados de parte de la violencia del domingo) y los Psycho Fans del Ruch Chrozow polaco.

Y ahora, ¿qué?

Tras la dramática muerte del hincha gallego, se abren varios escenarios. El más probable es el que puede visualizarse en el Bernabéu, en Mestalla, en el Camp Nou y en el Power8 Stadium: sustitución de los antiguos grupos ultras por gradas de animación. Al menos en el Calderón. El comunicado de ayer del Atlético de Madrid hay que leerlo como un primer intento en este sentido.

Así las cosas, la desfrentización del Atlético será lenta, igual que lo está siendo la limpieza en Barcelona, Valencia o Bernabéu. Las nuevas gradas de animación pacíficas sufren la infiltración de los violentos o, sencillamente, son los mismos bajo una nueva marca. La última salida para los gamberros es medrar fuera de los estadios: es la solución Boixos Nois.

En este sentido hay que leer la pelea -que pasó desapercibida- de ultras del RCD Espanyol con radicales del Levante el sábado. Desarticuladas las temidas Brigadas Blanquiazules, el club barcelonés lleva años intentando mantener a La Curva apartada de los antiguos vándalos. Los hechos del sábado demuestran que queda trabajo por hacer.