La división de clases cala hondo en el motociclismo español

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El Team Suzuki Speed Racing es el vivo ejemplo de un 2012 precario para las escuderías y para los pilotos

El joven piloto del Team Suzuki Speed Racing, Alexander Mateos, en acción

10 de enero de 2013 (21:21 CET)

El motociclismo está dividido en estratos sociales. Algo parecido a la histórica división de clases, pero sobre dos ruedas y a motor. Ocurre a nivel mundial, donde Valentino Rossi, Jorge Lorenzo, Casey Stoner y Dani Pedrosa han sido los máximos exponentes de la burguesía o clase alta en 2012, cobrando cifras desorbitadas e inimaginables para el común de los pilotos. Motociclistas contrastados como Toni Elías se han tenido que conformar con encabezar la denominada clase media, que ni cobra ni paga por correr. Por último, está el colectivo de corredores que, para poder mantener vivo su sueño de competir, tienen que autofinanciarse y buscar sus propios patrocinadores.

En el Campeonato de España de Velocidad (CEV) el panorama es muy parecido, solo que la ‘clase alta' no está tan bien pagada como en MotoGP. El Team Suzuki Speed Racing compite a nivel nacional en la categoría de Stock Extreme (1.000cc) y es el vivo ejemplo de esta situación. Javi del Amor fue el piloto referencia del equipo el año pasado, y el único que cobraba por competir. El segundo piloto es Adrián Bonastre. Un talento de 25 años que, después de haber sufrido algún que otro varapalo, fichó por el equipo de José Regaña, team manager del Speed Racing, a cambio de nada. Alexander Mateos, el más joven de todos, es amateur pero también corre con el equipo Speed Racing. Mientras sigue con su formación, asume que los gastos corren de su cuenta.

Situaciones muy diferentes

Javi del Amor es un ‘perro viejo' del asfalto que, a sus 36 años, tiene muy claro cual es su objetivo. "Yo correré hasta los 40", asegura a Diario Gol. Del Amor es el único piloto que ha disputado todas las carreras del CEV, desde que se creó en 1998, y uno de los pocos que todavía cobran por correr. De los tres motociclistas que conformaban el Speed Racing en 2012, es el único que percibía un salario. Concretamente 10.000 euros anuales más primas y extras. Campeón de España dos veces y subcampeón de Europa en una ocasión, esta temporada ha quedado sexto, perjudicado por dos desafortunadas caídas. Sin embargo, el nombre que se ha labrado tras casi 20 años compitiendo hace que se pueda permitir ser uno de los "tres o cuatro pilotos" que cobran en el circuito. "Hace cinco años éramos unos doce los que cobrábamos, y ganábamos tres veces más. Desde entonces, han bajado los sueldos y muchos equipos han tenido que cerrar", concluye Del Amor. Sin duda, él es lo más parecido a la clase alta del motociclismo, cuyos entrenamientos y carreras (solo son siete al año) cuestan 5.000 o 6.000 euros tranquilamente.

Adrián Bonastre vendría a representar la clase media. No le pagan por competir pero él tampoco abona nada al equipo, lo que no deja de ser meritorio en los tiempos que corren. Bonastre es un piloto agresivo que se puso el mono por vez primera con tan solo 13 años y que estuvo a punto de retirarse al inicio de la temporada pasada. "Lo cogí con desilusión porque un equipo me dejó tirado a última hora, después de encontrar un piloto que les interesaba más", explica a Diario Gol. "Fue un punto de inflexión, pero esta temporada ha ido todo ‘sobre ruedas', no he tenido ninguna presión", analiza. Subcampeón de España en dos ocasiones, ha quedado quinto esta temporada -- justo por delante de su compañero Del Amor -- y el curso que viene podrá seguir haciendo lo que le gusta. "Llevaba cobrando desde 2006, pero este año me he tenido que adaptar a una nueva situación. Las cosas han ido bien, así que el año que viene volveré a cobrar", apunta Bonastre. Si todo va bien, serán unos 5.000 euros al año. Una pequeña dosis de aliento.

Un sueño demasiado caro

A diferencia de sus dos compañeros, Alexander Mateos no es piloto oficial del equipo Speed Racing y compite a nivel regional, en el Campeonato de Catalunya. Tiene 20 años, estudia mecánica y en 2012 pagó unos 3.000 euros por cada carrera en la que participó. "Eso siempre y cuando no me cayese. Con las caídas, los costes se elevan bastante", afirma a Diario Gol. A pesar de ello, habla maravillas de su team manager, José Regaña, al igual que Del Amor y Bonastre, porque ha puesto un equipo a su servicio y le da la posibilidad de competir. Sin embargo, necesita la ayuda de sus padres para poder costear las ocho o nueve carreras que disputa en un año. "Hemos tenido que pedir un crédito al banco. De cara al año que viene nos planteamos participar en carreras sueltas o cambiarnos a una categoría más barata. Es demasiado dinero", confiesa, sin poder esconder la emoción que siente por seguir atropellando circuitos. Hay decenas de jóvenes como Alexander, que en sus inicios tienen que invertir mucho dinero y, si son buenos, con el tiempo pueden aspirar a mantenerse. Vivir de ello es prácticamente imposible.

Un equipo y tres pilotos que plasman perfectamente la realidad del motociclismo en España. Salpicado por la inestable situación económica que azota al país, igual que ocurre en el resto de deportes, el motor no pasa por su mejor momento. Cada vez más, sobra talento. Pero falta dinero. Demasiados gastos que cubrir y pocas empresas dispuestas a invertir. Al final, todo se traduce en un prolongado anhelo de esperanza por que las cosas mejoren y en un notable incremento de sacrificio para saciar esa necesidad tan primaria de los pilotos: seguir corriendo.

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