Fernando Alonso, el hombre que siempre estaba en el lugar equivocado

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El piloto de McLaren asiste con asombro a la recuperación de sus antiguos equipos cuando se marcha

Fernando Alonso, en Malasia | EFE

30 de marzo de 2015 (00:15 CET)

Fernando Alonso tiene la negra. Considerado el mejor piloto de Fórmula 1 del mundo por los entendidos del motor, el asturiano lleva ya ocho años en blanco. Esta temporada, marcada por un catastrófico arranque en su nueva escudería McLaren-Honda, va camino de ser la novena.

La suerte, que tanto le acompañó en sus primeros años en Renault –donde logró sus dos únicos campeonatos del mundo, allá por los años 2005 y 2006–, se desvaneció en cuanto cerró un acuerdo para fichar por McLaren. El equipo de Ron Dennis no le facilitó las cosas al ponerle a un ambicioso y ególatra Lewis Hamilton como compañero. Desde entonces, las tensiones con su antiguo y actual jefe son más que palpables.

Alonso solo aguantó un año en McLaren, donde se sintió menospreciado. Fue marchar de la escudería y Hamilton ganó el Mundial. El único que figura en las vitrinas de McLaren desde las proezas de Mika Hakinen entre el 98 y el 99. El piloto asturiano volvió a su casa, Renault, para correr dos años más a las órdenes de Flavio Briatore, que en 2008 fue apartado de por vida de la Fómula 1 por ordenar a Nelson Piquet que provocase un accidente para lograr una victoria de Alonso.

El sueño de Ferrari que terminó en pesadilla

Las malas artes de su jefe y amigo no le ayudaron a ganar en la escudería francesa, pero mantuvo la vitola de ser el mejor piloto del mundo. Ello le valió para cumplir su gran sueño, fichar por el equipo de moda: Ferrari. Fue un acuerdo que parecía beneficiar a las dos partes. Tras la retirada provisional de Raikkonen, Ferrari necesitaba un piloto de primera y Alonso requería un equipo con presupuesto para hacer una máquina ganadora.

El desembarco del Santander en Ferrari para inyectar 40 millones de euros anuales como patrocinador del piloto fue la guinda. Era el acuerdo perfecto. Cinco años después, condenado al ostracismo por el buen hacer aerodinámico de Red Bull –Sebastian Vettel ganó cuatro años consecutivos– y, a la postre, de Mercedes –con Hamilton como protagonista–, Alonso se despojó del pomposo mono rojo de Il cavallino rampante. En sus años en el equipo más adinerado, el asturiano fue superado por equipos con menos presupuesto.

Regreso a McLaren y accidente

Alonso, un bravo y tenaz competidor que jamás se da por vencido, asumió riesgos. Estaba atormentado por los problemas mecánicos de Ferrari. Cinco años de paciencia fueron demasiado y se dejó seducir por el proyecto de McLaren-Honda, volviendo a casa del enemigo, Dennis.

Las cosas no podrían haber empezado peor. Con un accidente en su circuito preferido, Montmeló, que a punto estuvo de costarle la salud física y mental, Alonso no pudo correr el primer Gran Premio de la temporada, en Australia. Su pérdida de memoria tras el accidente fue noticia de impacto mundial. Alonso se lo tomaba a broma.

Alonso abandona, Ferrari gana

Este fin de semana, en Sepang (Malasia), Alonso hizo la peor pole position que se le recuerda, partiendo del 18 puesto de la parrilla. Si mala fue la clasificación, aún peor la carrera. Su equipo –Ron Dennis al mando–, le obligó a abandonar en la vuelta 22. Pero eso no fue lo peor.

Ferrari, que no ganaba una carrera desde el 12 de mayo de 2013, volvió a situarse en lo alto del podio de la mano de Vettel, doblegando a los incombustibles Mercedes contra pronóstico. Otro déjà vu del hombre que siempre estaba en el lugar equivocado en el momento menos oportuno.