Estados Unidos y la Fórmula 1, un amor imposible

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Este fin de semana se celebra el Gran Premio de Austin, que espera amortizar los 300 millones de dólares invertidos con el controvertido mercado estadounidense

El inédito circuito de Austin, en Texas, será la sede del penúltimo GP de Fórmula 1 de 2012

14 de noviembre de 2012 (20:51 CET)

La Fórmula 1 regresa a los Estados Unidos. Tras cuatro años desde la última carrera que se disputó en el país norteamericano, la competición automovilística por excelencia vuelve a pisar el controvertido territorio 'yanqui'. Un mercado que se ha intentado conquistar de mil maneras, pero que todavía se le resiste a la Fórmula 1. 

El circuito de Austin, en Texas, será el encargado de poner a prueba una vez más a Fernando Alonso y a Sebastian Vettel, los pilotos que se disputan el campeonato del mundo. A falta de dos carreras, el alemán le saca 10 puntos al piloto asturiano, y goza de un monoplaza más veloz. Pero la pista americana podría dar la sorpresa por el desconocimiento que todos los pilotos tienen de la misma. Un circuito que también se caracteriza por "unos desniveles muy pronunciados", según explicó recientemente Pedro Martínez de la Rosa.

Inversión a largo plazo

El nuevo trazado de Austin costó 300 millones de dólares (más de 236 millones de euros) y fue construído gracias a la importante aportación del multimillonario Red McCombs. En 2005, McCombs estaba entre los 400 americanos más ricos del mundo según Forbes y, además, fue uno de los fundadores de franquicias como los San Antonio Spurs o los Denver Nuggets, de la NBA. Su apuesta por el circuito tejano se ha rubricado con un contrato por diez años con Bernie Ecclestone, el 'capo' de la F1, que tiene como finalidad llevar la competición hasta Nueva Jersey y pasar al borde del río Hudson, frente a Manhattan. Una magna inversión que espera verse amortizada gracias a los aficionados norteamericanos, un público donde la F1 nunca acabó de cuajar.

El incidente de 2005

Con el circuito de Austin, ya son 10 las ciudades norteamericanas que han acogido Grandes Premios de F1 a lo largo de la historia. El trazado de Indianápolis fue el último en hacerlo, y el más exitoso. Pero ni siquiera una pista con tanta fama y tradición fue capaz de mantener a la F1 en EEUU. El incidente de 2005 fue definitivo para que en 2007 volviesen a hacer las maletas. Aquél año tan solo compitieron seis monoplazas, debido a un grave problema con los neumáticos Michelin que afectó a siete escuderías. Lo que parecía una broma de mal gusto tuvo como consecuencia el arrojo de todo tipo de objetos a la pista por parte de los aficionados.

Amor imposible

El desencanto histórico de la F1 en EEUU tiene una difícil explicación, ya que desde principios del siglo XX se trató de importar una competición que, una y otra vez, ha salido despedida. Sin duda, el peso de dos campeonatos míticos como son la Fórmula NASCAR y las 24 horas de Indianápolis también han tenido su cuota de culpa para acabar convirtiendo la relación entre la Fórmula 1 y los Estados Unidos en un amor imposible.

Un halo de esperanza

Austin es un nuevo halo de esperanza. El prestigioso experto en marketing Marcel Cordes asegura a DPA que "el éxito de la F1 en EEUU solo puede producirse a largo plazo", pero Texas es el escenario ideal: "Los residentes son jóvenes, tienen interés por la tecnología y están un poco locos. Estas cualidades hacen que todo sea más fácil para la Fórmula 1". Pilotos como Mark Webber y Lewis Hamilton también se han posicionado muy a favor de volver a la 'tierra de la libertad', así como numerosos jefes de escuderías. Este fin de semana comienza un nuevo intento de la F1 por descubrir 'las américas'.

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