¿Es este el verdadero Guardiola?

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Vídeo: El jefe de los servicios médicos del Bayern dimite por las discrepancias con el técnico y tras ser humillado en público por Pep ante el Leverkusen

Guardiola aplaude al banquillo del Bayern con ironía por la lesión de Benatia ante el Bayer

17 de abril de 2015 (11:08 CET)

Incendio en el Bayern. La dolorosa derrota del equipo bávaro en Oporto (3-1) ha destapado las vergüenzas del poderoso equipo alemán y las tensas relaciones del técnico, Pep Guardiola, con los responsables del club. El ex entrenador del Barça cada vez tiene menos apoyos y la dimisión del jefe de los servicios médicos le deja en situación de debilidad. La actitud de Pep con el doctor por la goleada encajada en O Dragao ha precipitado los acontecimientos.

Los medios alemanes difundieron el jueves los motivos de la dimisión de Hans-Wilhelm Müller-Wohlfahrt, médico de referencia en el club desde 1977. El técnico habría culpado al galeno de las ausencias por lesión de diversos jugadores en el momento más importante de la temporada. Ahora circula un vídeo que parece apoyar estas informaciones: Guardiola aplaudió con rabia e ironía al banquillo ante el Leverkusen, en uno de los momentos del juego. En concreto, tras la lesión de Benatia. Curiosamente, el doctor no se encontraba en el banco, pero sí sus ayudantes. La prensa ha informado de otros desencuentros entre el ex futbolista y el médico a lo largo de los últimos meses.

Guardiola, de hecho, lanzó un dardo envenenado contra los doctores en la rueda de prensa previa al partido en Oporto: "La situación es la que es: a ellos les faltan algunos dedos de la mano y a nosotros las dos manos. Es una situación difícil, pero hemos convivido con ella durante dos o tres semanas, incluso diría que durante los últimos dos años. Es cuestión de adaptarse". Pep lamentaba el exceso de jugadores que tiene la enfermería, con Ribéry, Robben, Javi Martínez, Alaba, Schwensteiger y Benatia.

Siempre correcto en las ruedas de prensa, transmitiendo una imagen de modestia y humildad, el máximo defensor del laportismo tiene otros asuntos turbios en su currículum. El más criticado, sin duda, la pérdida de contacto que tuvo con el malogrado Tito Vilanova cuando éste, que fue su segundo durante la época más gloriosa del Barça, cogió las riendas del equipo tras la renuncia de Pep. Guardiola, que se tomó un año sabático en Nueva York, nunca visitó a Tito cuando fue a tratarse de su enfermedad a la misma ciudad. Las relaciones se rompieron para siempre y especialmente tensos fueron los episodios protagonizados por sus dos esposas en Central Park. Pep ni siquiera se atrevió a acudir al entierro de Tito. Montse, la mujer del técnico fallecido --el próximo sábado 25 de abril se cumple un año de su muerte--, no quería verle ni en pintura.

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