En Catar pagan a los niños por jugar a fútbol

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La falta de jugadores en categorías inferiores obliga al gobierno a recurrir a incentivos económicos con vistas a la selección nacional de 2022

El estadio del Lekhwiya SC, uno de los clubes más importantes de Catar, entrenado por Michael Laudrup | V.Malo

08 de febrero de 2015 (23:29 CET)

En Catar todo es distinto. La realidad que vive el país del Golfo Pérsico es diametralmente opuesta a la que se respira en España, un país azotado por la crisis económica. Mientras aquí los clubes y federaciones deportivas recortan gastos a marchas forzadas para seguir siendo sostenibles, allí las incentivan de forma incesante. Tanto es así, que incluso los chavales de las categorías inferiores de los clubes catarís cobran dinero por jugar en sus equipos.

No importa la edad que tengan, a partir de la categoría pre-benjamín empiezan a percibir gratificaciones económicas. La finalidad de esta situación es que sigan motivados para continuar su formación en los años venideros. Todo, con el objetivo final de mejorar el nivel y tarde o temprano poder formar un combinado competitivo de jugadores nacionales. El emir de Catar, Tamim bin Hamad al Thani, lo apuesta todo al deporte.

Aspire contrata a los mejores profesionales extranjeros

"De hecho, hay chavales que ya mantienen a sus padres siendo todavía críos", aseguran a este diario trabajadores de la Aspire Academy, el complejo deportivo más importante del país. No por las instalaciones, tan lujosas como casi todas las que se pueden ver por Doha y Lusail, sino por la inversión en profesionales extranjeros que tienen la misión de mejorar la formación de talentos. Hay 15 españoles en Aspire actualmente, de los 2.500 que trabajan en Catar.

La falta de jugadores en las categorías inferiores obliga al gobierno a incentivar la participación de nuevos jóvenes para configurar equipos competitivos en el futuro. Todo está pensado con las miras puestas en el horizonte del Mundial de 2022. Como ha ocurrido con el Mundial de Balonmano, Catar espera poder presentar un equipo de nivel, capaz de plantar cara a selecciones históricas.

Un niño futbolista puede mantener a su familia

Ello deja escenas curiosas como que un entrenador no pueda castigar a uno de sus jugadores sin ir al partido. Al contrario, no se lo puede permitir. Y que se firmen contratos peligrosamente elevados a jóvenes promesas, para evitar que se vayan a otros clubes del país. Hay un total de 18 equipos en todo Catar, que conforman la liga nacional del país, dividida en dos fases o divisiones.

En el caso de las familias que no son catarís, el salario del hijo que juega a fútbol puede suponer una importante inyección económica. La suficiente como mantener a una familia de obreros, cuyos sueldos suelen ser de unos 250 euros al mes (1.000 qatares reales) por jornadas de 12 horas ininterrumpidas. En Catar solo viven dos millones de personas, de las que 500.000 ciudadanos, aproximadamente, son cataríes. Todos ellos, adinerados y exentos de pagar impuestos.

Vestigios del Drem Team en Doha

La inversión de Catar en formación no tiene freno. Contratan a entrenadores, preparadores físicos, directores deportivos, especialistas en medicina deportiva, etc. Todos ellos con sueldos muy superiores a los que tendrían en España, alrededor de los 8.000 euros mensuales, como mínimo. Además, incluyen casa y vehículo en la mayoría de negociaciones.

A base de dinero, Catar se puede permitir tener a Michael Laudrup entrenando a uno de los equipos más potentes del país, el Lekhwiya. También celebraron recientemente la final de la Supercopa de Italia entre el Nápoles y la Juventus (2-2), que ganaron los de Rafa Benítez en los penaltis. Y en el parón navideño pasó por allí Pep Guardiola, con el Bayern de Múnich, para visitar las instalaciones del Al Ahli, club donde militó durante las temporadas que jugó en Catar.

Mano de obra que llena estadios como espectadores

Uno de sus compañeros en el FC Barcelona, José Mari Bakero, también frecuenta Doha para hacer de comentarista de Bein Sports. Y es que, no solo interesan los especialistas en deporte, sino todo el mundo que tenga algún tipo de conocimiento o formación. De hecho, incluso compran aficionados para llenar los estadios de fútbol. En ese caso, suelen colocar a obreros hindúes, nepalíes o filipinos. "A una mitad los ponen del color del local y a la otra mitad del color del visitante", sentencian.  

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