El Real Madrid recurre a su versión más clásica para maltratar al Zaragoza

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Casillas y dos chispazos sostienen a los de Mourinho frente a los maños, que merecieron más

Luka Modric volvió a ocupar un puesto en el doble pivote

03 de noviembre de 2012 (22:27 CET)

Como si del secreto de la Coca-Cola se tratase. José Mourinho recuperó su vieja fórmula, la del madridismo de los últimos tiempos, para doblegar a un Zaragoza valiente y que mereció un mejor resultado en su visita a Chamartín (4-0).

Obligado por las ausencias de Xabi Alonso y Khedira, que se unieron a las ya conocidas de Marcelo y Coentrao en defensa, el equipo blanco acabó reencontrándose con la versión que mejor conoce. A los blancos les bastó una soberbia actuación de Casillas, decisivo una vez más con tres intervenciones cuando su equipo más le necesitaba, y dos ráfagas de buen fútbol (una en cada período) en las que con dos goles en cada una encarrilaron primero un choque que no pudieron sentenciar hasta las postrimerías.

Pegada y portero. Mourinho desempolvó sin querer las viejas claves sobre las que el Real Madrid ha cimentado su gloria más reciente. También sus fracasos. Porque a la que le falla una de ellas, los blancos se convierten en un equipo sin ideas, plano y hasta previsible. Una mano salvadora de Casillas a disparo de Postiga puso la primera piedra al 1-0, convertido por Higuaín a la salida de un córner. Demasiado golpe para un Zaragoza que había rondado ya en los primeros minutos el área rival, en una clara declaración de intenciones de los de Manolo Jiménez que, en el cuerpo a cuerpo, acabaron pagando cara su osadía. En un abrir y cerrar de ojos, los maños se encontraron con el segundo, obra de Di María, tras un pim pam pum sobre la portería de Roberto que no pudo evitar ser acribillado por el 'Fideo'.

Espejismo en el Bernabéu

Pero ni con el 2-0 se dio por vencido un Zaragoza que dista mucho de ese equipo inseguro e inestable de temporadas anteriores. La mano de Jiménez comienza a notarse en la filosofía de los aragoneses, que embotellaron al Real Madrid en su área durante buena parte de la reanudación. Modric, el mejor jugador local de campo en la primera mitad, se desinfló y Essien demostró que está muy lejos de ser aquel portento que enamoró a Abramovich.

Casillas volvió a emerger entonces para tranquilizar al respetable con una colección de estiradas que terminaron de hundir la moral visitante, por si el balón al travesaño de José Mari y el gol anulado a Postiga no bastaban. Entonces, en un guiño del destino, llegó la sentencia, precisamente desde las botas de Modric y Essien, reemplazantes por un día de Alonso y Khedira, y pilares sobre los que se cimenta el eterno deseo de Mourinho por reinventar a este Madrid.

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