El lado oscuro de Lance Armstrong, el Madoff del ciclismo

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El ex ciclista puede equipararse al inversor que protagonizó la mayor estafa jamás realizada por un solo hombre

Lance Armstrong, en la penumbra | Archivo

23 de enero de 2013 (21:17 CET)

Bernie Madoff fue detenido en diciembre de 2008 por el FBI. El inversor norteamericano había estafado unos 40.000 millones de euros (más de 50.000 millones de dólares) a través de su empresa, que llevaba su nombre y se había labrado una excelente reputación en la Bolsa de Wall Street. Actualmente está cumpliendo una condena de 150 años de cárcel en una prisión federal de Carolina del Norte. Es la pena que la justicia consideró conveniente para castigar el mayor fraude llevado a cabo por una sola persona en la historia.

Lance Armstrong es el equivalente a Madoff en el ciclismo. Desde la superación de un cáncer de testículo en 1996 y tras las siete ediciones del Tour de Francia que conquistó, han transcurrido 17 años. Armstrong ya se dopaba antes de su cáncer. En total, se han necesitado casi 20 años para demostrar su gran mentira. Ante las cámaras de televisión y acompañado de la presentadora Oprah Winfrey, Armstrong reconoció su estafa. La entrevista ya ha sido visionada por más de 28 millones de personas, pero todavía hay defensores de Armstrong. Por ejemplo, el doctor Michele Ferrari, testigo in situ y cómplice absoluto de toda esta historia. Ferrari asegura que "Armstrong habría alcanzado el mismo nivel sin haber recurrido al dopaje, gracias a su talento, que era muy superior a los rivales de su época". Nunca lo sabremos.

Amenazas e intimidaciones


En todos estos años mucha gente ha llegado a conocer el secreto mejor guardado de Lance Armstrong. Su gran estafa. Sin embargo, el ex ciclista se caracterizaba por tener un fuerte carácter y tuvo duros enfrentamientos verbales con todos aquellos que amenazaron con desvelar su secreto, según ha publicado Bloomberg. Como persona muy inteligente que es, supo camuflar lo que parecía imposible, del mismo modo que hizo Madoff. Pero para ello tuvo que recurrir a ese fuerte carácter, a las amenazas, a la intimidación.

Frankie y Betsy Andreus son el vivo ejemplo de los que salieron malparados por interponerse en su camino. Betsy, la esposa de Frankie, en 2005 declaró que escuchó a Armstrong reconocer su dopaje a un doctor, en 1996. Ello acabó con la carrera ciclista de Frankie. El caso de Emma O'Reilly es parecido. Como colaboradora del US Postal, equipo en el que militaba Armstrong durante su etapa de éxitos, O'Reilly se acabó enterando de la trama de dopaje, en 1997. No dijo nada de todo ello hasta 2003, después de ser convencida por el periodista David Walsh – The Sunday Times – para colaborar en su libro LA Confidential. "Una vez enterado de mis declaraciones, Armstrong no tardó en atacar mi reputación. Me descalificó públicamente, al tratarme de alcohólica y prostituta".

Oleada de demandas

"Ella es una de las personas a las que tengo que pedir disculpas", reconoció Armstrong en el programa de Winfrey. "La atropellé, la intimidé", confesó el ex ciclista. Igual que a tantos otros, a los que demandó por acusarle de dopaje. "Para ser honesto, demandamos a tanta gente que ni siquiera estoy seguro de lo que hicimos", concluyó Armstrong. Las demandas acusaban falsamente a la gente como O'Reilly de mentirosas. Con el único fin de protegerse. Hasta que ha sido inviable.

Armstrong ganó la mayoría de aquellas demandas. Entre ellas destaca un pleito contra el diario The Sunday Times por publicar fragmentos del libro de Walsh. Armstrong se embolsó 1,5 millones de dólares que el Times se apresuró a reclamar después de conocer el informe de la USADA, que vio la luz en octubre de 2012. La reciente confesión del ex ciclista seguramente impulsará una nueva oleada de litigios por parte de antiguos demandados para recuperar cantidades que ganó el nortemaricano por la falta de pruebas de las acusaciones vertidas sobre él. Sin duda, se avecinan grandes pérdidas para Lance Armstrong. Tiempos oscuros.

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