El juicio entre los bandos de Laporta y Rosell, una lucha de egos estéril

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Si gana la junta saliente, las cosas quedarán como están; si lo hace la de Bartomeu solo cobrarán los 25 millones del seguro

El presidente del Barça, Josep María Bartomeu, y el juez Martínez Borrego al fondo | V. Malo

19 de septiembre de 2014 (00:00 CET)

Más que económica, la batalla jurídica entre el bando de Rosell y el de Laporta ha revivido lo que siempre fue: una lucha de egos. El juicio por la acción de responsabilidad social, que servirá para sentar precedente ante una cuestión que nunca en la historia se había debatido en los tribunales, no será significativo desde el punto de vista económico. Salvo para la aseguradora Zúrich, la única que se juega realmente su dinero en este procedimiento: 25 millones de euros.

Según ha podido saber Diario Gol, la junta que actualmente preside Josep María Bartomeu –el bando del presidente dimisionario Sandro Rosell– no piensa ejecutar el cobro de los 47,6 millones de euros contra los 17 exdirectivos demandados en caso de ganar el juicio. Demasiado dinero, incluso para familias de la zona alta de Barcelona, que podría comportarles graves perjuicios. De perder, y descontando los 25 millones que cubre Zúrich, cada exdirectivo tendría que pagar 1,32 millones de euros. Una suma que muchos no tienen.

Objetivo oficial: proteger el club y sentar un precedente

La mentalidad de la junta actual es que "la mala gestión de Laporta y sus principales allegados no debe comprometer a otros directivos que ni siquiera eran conscientes del todo de lo que ocurría en el club en aquellos momentos". La intención de los dirigentes actuales pasa por "sentar un precedente a nivel jurídico y evitar que otras juntas, en el futuro, puedan incurrir en actitudes similares y poner el Barça en peligro", explica una fuente del club.

"No es una cuestión de dinero, sino de responsabilidad. El Barça genera lo suficiente en estos momentos como para no tener que exigir los 47,6 millones. Pero se trata de proteger al club", sentencia la misma persona, tras calificar como "surrealista" todo el asunto de la 'polla' blaugrana. Más allá de estas declaraciones, lo que ha quedado patente durante las distintas sesiones del mediático juicio es que las rencillas entre ambos bandos siguen latentes.

Dos bandos que se critican entre sí

Unos y otros, mediante sus testimonios, han criticado las acciones de la parte contraria hechas para y por el Barça. Rosell ridiculizó los terrenos de Viladecans, Bartomeu menospreció la herencia deportiva y económica –desde el punto de vista del valor del club– recibida en 2010, y Faus criticó que intentasen 'colarles' todo el pago pendiente con Sogecable –el verdadero punto de fricción del juicio–, teniendo en cuenta que fue fruto de una decisión adoptada en su día por Ferran Soriano. Joan Oliver, por su parte, se quejó de que el club despreciase un "acuerdo para la camiseta de 17 millones de euros" y su negociación del crédito sindicado con ocho entidades bancarias.

De hecho, una de las cuestiones que defiende uno de los demandados es la "mala fe explícita" de la junta de Rosell al interponer la demanda. Aunque todos los testimonios antes citados declararon ante el juez no tener ningún tipo de enemistad ni animadversión hacia la parte contraria, cada vez que habla alguno se pone de manifiesto que la relación sigue siendo igual de mala. O peor. Por eso, esta batalla jurídica es mucho más que una reclamación. Es una guerra de orgullo.

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