El fútbol del pueblo se impone al capital

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Un gol de Paolo Guerrero tumba al Chelsea y encumbra al Corinthians a la cima mundial (1-0)

Paolo Guerrero, decisivo en la final del Mundialito

16 de diciembre de 2012 (14:39 CET)

El Corinthians es el nuevo campeón del mundo de clubes. El 'Timão' se impuso al Chelsea en la final disputada en Yokohama gracias a un solitario gol del internacional peruano Paolo Guerrero (1-0) que, en un guiño al fallecido Sócrates, escenificó el triunfo de una institución con unos valores democráticos internacionalmente reconocidos sobre el club que representa al nuevo orden futbolístico.

"Sepan que delante del Corinthians, de su magnitud y su presencia, cada uno de nosotros es un ser inferior, pequeño, vistiendo apenas un gorrito de lana. Pero que reunidos, somos más de 30 millones de seres inferiores, pequeños y vistiendo apenas un gorrito de lana con el poder necesario para defender el escudo y valorizar el espíritu de la República Popular del Corinthians". Pocos clubes en el mundo pueden permitirse el lujo de contar con una Carta Magna. En ella, al margen de sentar las bases del sentimiento corinthiano se representa la idiosincrasia de un club que en más de una ocasión ha traspasado su condición de institución deportiva mutándose en un movimiento ideológico.

La Democrácia Corinthiana, instaurada a inicios de los ochenta por el doctor Sócrates junto a otros camaradas como Wladimir o el también internacional Walter Casagrande, impuso dentro del club un modelo de autogestión, donde jugadores, técnicos y dirigentes manejaban el club sometiendo a sufragio sus decisiones. "Ganhar ou perder, mas sempre com democracia", fue el eslogan de un movimiento utópico que acabó siendo sepultado por el nuevo orden futbolístico que tan bien representan personajes como Roman Abramovich y clubes como el Chelsea.

Como si de un guiño del destino se tratase, el Corinthians volvió a tocar el cielo días después del aniversario de la muerte de Sócrates. Si su fallecimiento coincidió con el alirón en la pasada edición del Paulista en un clásico frente al eterno rival, Palmeiras, el 'Timão' completó su ciclo anual con un último homenaje a una de las figuras que hizo soñar al mundo que otro fútbol es posible, más allá de los designios de la FIFA y del capital.

Benítez se quedó sin su segundo Mundial

Comenzó el partido con novedades en ambos equipos. Benítez apostaba por Lampard y volvía a retrasar a David Luiz, y prescindiendo de Oscar para dar entrada a Victor Moses en la banda. Por su parte, el entrenador brasileño elegía a Jose Henrique por encima de Douglas, una decisión que reflejaba, ya desde el inicio, las intenciones del Corinthians.

Así, entraron mejor en el partido los paulistas, tomando la iniciativa desde el inicio, y ejerciendo una buena presión sobre los 'blues', que solo creaban peligro en jugadas a balón parado. Torres buscaba los espacios arriba, creando peligro y probando al meta Cassio, gran salvador del Corinthians en esta primera mitad con un paradón sobre el nigeriano Moses al filo del descanso. Antes, el a la postre decisivo Paolo Guerrero rozaba el gol con un disparo al palo, que fue el preludio de la recompensa brasileña en la reanudación. Una jugada rápida que comenzó Danilo con un disparo que Cech logró repeler, pero cuyo rechazo le cayó al peruano, quien mandó el balón al fondo de la red.

Por detrás en el marcador, Benítez movió el banquillo apostando por un once puramente ofensivo que encerró a los brasileños en su área en los minutos finales. Sin nada que perder, incluso Gary Cahill fue expulsado tras una entrada a destiempo rozando el 90 y, ya en el descuento, Torres perforaba la meta de Cassio, pero su gol era anulado por un justo fuera de juego. Con el Corinthians pidiendo la hora, la final del Mundial de Clubes llegó a su fin y devolvía así la corona a Sudamérica, tras el último título conseguido por el Internacional de Porto Alegre en 2006, gracias a la brillante actuación del portero Cassio, balón de oro de la competición, y de su goleador Guerrero.

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