El Barça sintetiza en 90 minutos la mejor primera vuelta de la historia

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Los de Vilanova hacen gala de todas sus virtudes ante un Málaga resignado ante la superioridad del líder (1-3)

Piña azulgrana en La Rosaleda tras uno de los tres goles de la noche

13 de enero de 2013 (23:37 CET)

Un ejercicio de síntesis. Así podría resumirse el gran partido con el que el Barça certificó la mejor primera vuelta de la historia de la Liga. 18 victorias y un empate –aquél contra el Real Madrid con Mascherano y Adriano como centrales- que han disparado las opciones de la candidatura azulgrana al título. Los 11 puntos sobre el Atlético y los 18 sobre el Real Madrid se presumen como un colchón demasiado amplio a priori para el equipo de Tito Vilanova, que volvió a sentarse en el banquillo.

Messi, otra vez, encarriló el triunfo azulgrana en La Rosaleda. Pero no sin que antes, el Málaga pudiese presentar en sociedad las valientes intenciones de Manuel Pellegrini. Seguro de las posibilidades de su equipo, el 'Ingeniero' chileno osó jugar de tú a tú a un Barça que, en días así, se muestra como un iceberg que cuenta como punta al mejor jugador de la historia. Apareció Leo, primero para mostrar las condiciones felinas de Willy Caballero, que le arrebató desde el suelo el cuero que pudo significar el primero de la noche. El coleccionista de Balones de Oro tuvo no obstante su revancha al filo de la media hora, cuando se sirvió de un infantil error de Camacho en forma de cesión, para fusilar la meta malacitana.

Reinventando el rondo

Con el tanto azulgrana la marea costasoleña –en sus niveles más altos gracias a las gestas continentales de su equipo- comenzó a bajar. Mientras, en la superficie iba descubriéndose el bloque que, más allá de las excelencias y registros de Messi, ha convertido a este Barça en un equipo admirado por quienes se dicen amantes del buen fútbol. Y el partido entre dos equipos de Champions se convirtió por momentos en un rondo de diez contra diez, con Iniesta, Xavi, Busquets, Cesc, y por supuesto Messi, cuidando de la pelota y haciendo inútiles los buenos propósitos locales. Entre medias, un nuevo chispazo del argentino, esta vez en forma de asistencia para el Cesc más incisivo, amplió la renta cuando solo se llevaban cinco minutos del segundo acto.

Sin posesión, y ante una defensa azulgrana cada vez más asentada por obra y gracia de la recuperación del mejor Piqué, el Málaga solo pudo rendirse ante la superioridad del Barça. Thiago, que reemplazó en el tramo final del partido a Cesc, firmó el tercero tras una gran jugada individual y una pared con Messi. Y Buonanotte, el del honor para un Málaga al que le queda la revancha de la Copa.

Los límites de los de Vilanova, por el contrario, solo parecen depender de ellos mismos después haber alcanzado el clímax en el ecuador de la temporada. Tal vez sea demasiado pronto. Lo suficiente como para haber dejado casi sentenciado un campeonato que ya parece ganado y que ahora solo se puede perder. Ahí es donde debe residir la clave para mantener la intensidad, para no caer en la autocomplacencia, y para que esta primera vuelta sea solo la rampa de lanzamiento hacia una nueva temporada histórica.

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