El Barça necesita un tratamiento de choque

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El Real Madrid agrava la impotencia azulgrana en un clásico de baja intensidad

02 de marzo de 2013 (18:15 CET)

El Barça necesita un tratamiento de choque. Su fútbol, sin chispa ni intensidad, mengua de forma vertiginosa, atrapado por la apatía de un Messi impotente. Lesionado Xavi, apareció Thiago y Villa entró en el equipo en detrimento de Cesc Fàbregas, pero los problemas son estructurales, no individuales. La falta de liderazgo por la ausencia de Tito Vilanova castigó otra vez al Barça ante un Real Madrid (2-1) superior el día que Mourinho prescindió de sus mejores activos y que Valdés fue expulsado por encararse con el árbitro, terminado ya el partido.

En un clásico de baja intensidad, por la enorme brecha entre azulgrana y madridistas antes del partido (16 puntos), Mourinho prescindió de Arbeloa, Xabi Alonso, Khedira, Özil y Cristiano Ronaldo, consciente de que la valoración final del curso dependerá, en gran medida, del partido del martes en Old Trafford. Cambió varias piezas, pero no tocó su modelo y aguardó al Barça en su campo. El temprano gol (minuto 6) de Benzema, que retrató la decadencia defensiva barcelonista (un gol encajado, como mínimo, en los últimos ocho partidos de Liga), fue contestado por Messi (m. 18) en una de las pocas apariciones del astro argentino.

Cristiano Ronaldo, decisivo

El Barça, una vez más, monopolizó el balón. Su control era el mejor remedio para protegerse, no para castigar a un Madrid bien ordenado pero con escasas ideas y un fútbol nada estético. Sin tensión, el partido sólo se animó con la entrada, en la segunda parte, de Cristiano Ronaldo y Khedira por Benzema y Kaká. Apareció el futbolista portugués y encogió el cuadro azulgrana, sin profundidad ni cohesión.

Thiago no aportó soluciones y perdió muchos balones, Iniesta no supo activar al Barça y Messi desapareció del partido. El Madrid, entregado a la potencia de un estelar Cristiano Ronaldo, revolucionó el partido y lo ganó al culminar Sergio Ramos un saque de esquina botado por Modric. Al final, un penalti no señalado del propio Ramos a Adriano pudo cambiar el resultado, pero no las malas sensaciones que transmite un Barça herido que dentro de 10 días necesita una gesta contra el Milan para evitar su caída en la Champions. Hoy nadie sabe cómo activar al grupo, previsible y apagado, que en apenas tres semanas ha pasado de la excelencia a un estado depresivo.

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