El Barça: ¿Más que un club o más que un aval?

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Las elevadas garantías económicas que se requieren para presidir la entidad ponen en tela de juicio la independencia de los aspirantes y suponen una nota de corte cada vez más discriminatoria

La junta directiva de Sandro Rosell tomó posesión del FC Barcelona en 2010 | Archivo

13 de abril de 2015 (00:00 CET)

¿Puede mantenerse el Barça como un club independiente? En apariencia, es uno de los discursos que todos los aspirantes a gobernar la entidad catalana ponen sobre la mesa de manera recurrente. El club es de los socios y de nadie más. Así lo dicen sus estatutos y así debería permanecer, señalan.

La evolución del propio club, sin embargo, ha puesto en riesgo ese supuesto deseo de independencia de los poderes políticos y económicos. Algunas de las decisiones estatutarias que sus directivos han adoptado durante los últimos años constituyen ahora un riesgo subyacente sobre la capacidad de maniobra de la propia institución.

¿Garantías o filtros?

Para ser presidente del Barça y formar parte de su junta directiva es necesario avalar económicamente. La ecuación no tiene incógnitas: el club obtiene unas garantías que, ante una gestión corrupta o de mala calidad, pudieran cubrir el quebranto producido.

Sucede en el Barça y sucede en el Real Madrid. No se puede liderar el club o formar parte de su cúpula si no se asumen los riesgos económicos que conlleva ponerse al frente. Los avales –el instrumento que garantiza esa prevención– se han acabado convirtiendo en un arma arrojadiza contra la propia independencia de la entidad.

¡Se necesita alguien con 80 millones!

Un nuevo equipo directivo que consiguiera desplazar al que preside Josep Maria Bartomeu estaría obligado a avalar una cifra equivalente al 15% del presupuesto anual del club. En la temporada actual (2014-2015), la directiva administra un presupuesto de gastos de 510 millones de euros. Quienes ganaran las elecciones, y en virtud de los estatutos del Barça y de lo que dice la propia ley del deporte para aquellas instituciones que han decidido no convertirse en sociedades anónimas deportivas, deberían depositar unos avales de alrededor de 80 millones de euros.

En alguna ocasión ya se ha intentado someter a revisión esa figura del aval, puesto que discrimina por razones económicas quién puede y quién no ser miembro de la junta directiva del Barça. Por ejemplo, si una nueva junta diferente de la actual y salida de las próximas elecciones de julio estuviera formada por 20 personas, cada una de ellas debería avalar con unos cuatro millones de euros.

¿Tienen Benedito y Laporta ese dinero? 

Es obvio que esas cifras constituyen un filtro electoral de primer orden. ¿Podrán Agustí Benedito o Joan Laporta reunir esos avales para presidir el Barça futuro? ¿Sigue Toni Freixa (también aspirante) en el seno de la actual junta directiva para concurrir sin necesidad de avalar?

Una vez celebradas las elecciones a la junta directiva y presidencia del Barça, los ganadores tienen unas tres semanas para formalizar ese aval. Pueden, por tanto, concurrir a ellas sin haberlo depositado. De hecho, es el arma que alguno de los aspirantes cobija bajo una sonrisa pícara: "Una vez has ganado no es tan difícil encontrar alguien que te avale".

¿Qué pasa si paga Qatar, Nike, La Caixa, Emirates…?

Ése es justamente uno de los mayores riesgos sobre la independencia del club que se ciernen en estos momentos de precampaña electoral subyacente. ¿Podría Qatar, Emirates, Nike, Adidas o un gran banco, o un fondo soberano de cualquier país depositar un contraaval en una entidad financiera para apoyar a un grupo de directivos que no han podido reunir por su cuenta esa cifra en modo de aval? ¿Afectaría eso a contratos de patrocinio, esponsorización, a la compra venta de jugadores o a cualquier interés económico del club?

La junta directiva que preside Josep Maria Bartomeu (antes Sandro Rosell) avaló cuando sustituyeron a Joan Laporta. Entre ellos se hallaban empresarios de éxito como los dos hombres que han presidido la entidad, banqueros como Ramon Cierco (BPA y Banco Madrid), hombres de negocios como Carles Vilarrubí (Rostchild), Javier Faus (Meridia Capital), Ramon Pont (Borges), Silvio Elías (ex Caprabo), Javier Bordas (Grupo Costa Este), Susana Monge (Essentium) y así un largo reguero de profesionales y acaudalados empresarios para quienes el aval (de menor cuantía entonces) no constituyó un obstáculo insalvable.

"Tampoco fue fácil –recuerda un miembro de la actual directiva mientras narra la negociación con La Caixa para formalizar la garantía–, ningún banco avala hoy a nadie sin unas garantías clarísimas".

Más filtro aún en el Madrid 

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, incluso lo tiene mejor atado: los candidatos, antes de las elecciones, ya deben presentar un preaval. Es decir, sin la garantía económica, resulta imposible competir por la presidencia del club blanco. Sólo millonarios como él, por tanto, pueden optar al sillón del Bernabéu.

Con el aumento estratosférico que registran los presupuestos de los principales clubes sometidos a esta garantía económica, el 15% del aval crece temporada tras temporada. En cada elección, por tanto, es más caro intentar asaltar los órganos de gobierno de las entidades. 

Una elecciones con las manos en la cartera

En el caso del Barça, las próximas elecciones estarán impregnadas por este factor económico determinante. Sólo Josep Maria Bartomeu y Toni Freixa pueden aspirar a la presidencia del club sin desembolsar aval. Quienes ya lo han hecho y han demostrado capacidad de gestión están exentos de tal cautela. Por tanto, el aval es un sinónimo de continuidad. Pero, ¿y de independencia?

Que un socio sin recursos no pueda concurrir a las elecciones o que cualquier grupo de presión o poder con mucho dinero pueda prestarse a avalar a unos determinados candidatos es, ahora, una cuestión que podría poner en entredicho la independencia del club. Ya no se dilucidan los intentos de Jordi Pujol por capitalizar la junta directiva del Barça con afines a CiU (la fracasada operación Sixte Cambra que repelió Josep Lluís Núñez). Ahora, es el mundo del dinero quien puede tomar el control gracias a cobrarse los favores de una directiva incapaz de avalar por sí misma y que necesite obtener esos fondos fuera de su propio entorno.

Derrocar a Bartomeu como pretenden Agustí Benedito, Toni Freixa, Jordi Farré y Jordi Majó, entre quienes lo han evidenciado, o el propio Laporta, que sigue deshojando su margarita personal, sólo podrá llevarse a cabo con candidatos capaces de reunir garantías económicas de unos 80 millones de euros. A la vista de la cifra, el futuro presidente podrá cambiar el eslogan (Més que un club) y decir que el Barça es más que un aval.

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