El Barça destroza al Espanyol

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La precisión azulgrana, retratada con los goles de Xavi, Pedro (dos) y Messi, castiga la cobardía táctica de Aguirre

Messi, de penalti, marca el cuarto gol del Barça tras engañar a Kiko Casilla / EFE

06 de enero de 2013 (21:08 CET)

El derbi fue un monólogo azulgrana. Prodigioso en la construcción y letal en la definición, el Barça destrozó al Espanyol en una primera parte memorable que ensalzó el ideario futbolístico de Tito Vilanova y penalizó la pusilánime propuesta de Javier Aguire. Cuatro goles en media hora escenificaron el estado de felicidad de un Barça que suma 52 puntos de 54 posibles en la Liga y la angustia del equipo blanquiazul, inmerso una semana más en zona de descenso. Sufre el Espanyol y disfruta el cuadro azulgrana, que este domingo alineó a 10 futbolistas formados en sus categorías inferiores.

El Espanyol, con Aguirre como entrenador, había experimentado una meritoria metamorfosis desde el despido de Pochettino. Poco exquisito en las formas, pero muy competitivo y aguerrido, soñaba con dinamitar el fútbol distinguido del Barça, pero el técnico mexicano erró su estrategia. Obsesionado con proteger a Kiko Casilla, el equipo se atrincheró en su área y fue arrollado por el cuadro azulgrana en la primera media hora. La cobardía blanquiazul contrastó con la precisión de un Barça sublime que monopolizó el balón y el partido el día que Vilanova regresó al banquillo tras su segunda intervención quirúrgica en poco más de un año.

Sin fútbol ni carácter

El Barça, inspirado en ataque y en la recuperación del balón, aniquiló a un Espanyol sin fútbol ni carácter. Ni jugó ni pegó el grupo de Aguirre, totalmente desbordado y sin recursos para neutralizar a Xavi, Iniesta, Cesc y Messi. Proponía el equipo de Vilanova y palidecía su rival, debilitado con el gol de Xavi (m. 10) y rendido con el primer tanto de Pedro (m. 16). El derbi más desigual de los últimos años se resolvió en un plis-plas y retrató la distancia sideral entre ambos clubes (el presupuesto del Barça es 10 veces superior al del Espanyol).

Resuelta la trama en un cuarto de hora, el interés del derbi se centró en cuestiones colaterales, con un Espanyol incapaz de hilvanar cuatro pases seguidos y un Barça coral que adornó su gran obra con el segundo gol de Pedro. Sublime en el desmarque, el delantero, poco inspirado esta temporada en el remate, culminó una asistencia desde 40 metros de Sergio Busquets con un toque muy sutil en el mano a mano con Casilla (m. 27). Dos minutos después, la pesadilla del portero blanquiazul se agrandó con un discutible penalti a Cesc Fàbregas que transformó Messi.

Villa, ovacionado

El Barça, poderoso en el primer acto, rebajó su voracidad tras el descanso. Nunca renunció al balón ni a su fútbol asociativo, pero su juego fue más discontinuo ante un Espanyol, herido en su orgullo, que presionó más arriba y endureció el partido para evitar un resultado escandaloso. Vilanova, el gran estratega del mejor equipo azulgrana de la historia, retiró a Xavi y Cesc, sustituidos por Thiago y Villa, que ovacionado en un Camp Nou festivo por la exhibición de sus jugadores y la agonía del rival. Sergio García (en la primera parte) y Albín, ofuscados, ni tan siquiera pudieron minimizar los efectos de una derrota humillante en sendos remates ante Valdés. Toda la gloria era para el Barça, que apenas reparó en los dos goles anulados a Pedro y que dos horas después celebró el empate del Atlético, que se queda a 11 puntos. El Madrid sigue a 16.
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