El abogado blanco de 'Barto'

08 de febrero de 2015 (15:27 CET)

Luis de Carlos fue un hombre bueno en el sentido más machadiano del término. Asumió la tarea de sacar al Madrid de la encrucijada histórica en la que se colocó tras la desaparición de Bernabéu, y lo hizo con altura histórica y dialogando sin descanso bajo la bandera de la cordialidad. En mayo de 1978, el Barcelona celebró sus segundas elecciones democráticas a la presidencia del club desde el final de la guerra civil –las primeras, en 1953, las ganó el falangista Francesc Miró-Sans, impulsor del Camp Nou–. Fueron unos comicios reñidos y politizados que acabó llevándose José Luis Núñez por un estrecho margen de votos frente a Ferran Ariño, el candidato de Convergència Democràtica (CDC) –el Barça fue el único reducto de Cataluña donde el Muy Defraudador Jordi Pujol no pudo meter mano en sus veintitrés años de reinado–; y Nicolau Casaus.

Una de las primeras cosas que hizo Núñez como presidente del FC Barcelona fue visitar la capilla ardiente de Santiago Bernabéu, fallecido el dos de junio. En Madrid, Núñez conoció a los dirigentes madridistas y, claro, al presidente De Carlos, con el que a partir de entonces entabló una amistad personal que, con el tiempo, se trasladó al ámbito familiar. El gesto de Núñez y el carácter afable y cordial de Luis de Carlos, abrió una nueva etapa en las relaciones Barça-Madrid. Distensión que alcanzó su máxima expresión en mayo de 1979, cuando el presidente azulgrana invitó a su colega madridista a asistir a la final de la Recopa de Basilea contra el Fortuna de Düsseldorf. De Carlos regresó a Madrid encantado del trato recibido y de lo bien que lo había pasado al lado de los directivos culés. Casaus, aquel día, se mareó a causa de la tensión acumulada por el partido y tuvieron que sentarlo en una silla para que se recuperara. Uno de los que se acercaron para felicitarle y a la vez interesarse por su estado fue De Carlos. Nicolau, preso de la emoción, exclamó: "Si por ti fuera, ficharía por el Real Madrid. ¡Eres cojonudo!". Y lo era verdaderamente, al igual que lo fue el propio Nicolau Casaus.

En diciembre, sin embargo, José Luis Núñez desempolvó para sorpresa de Luis de Carlos la vieja hacha de guerra azulgrana y arremetió contra el Real Madrid y el presidente de los árbitros, José Plaza. Dijo las mismas monsergas oídas ya en la monarquía de Alfonso XIII, en la dictadura de Primo de Rivera, en la Segunda República y en el franquismo, y que se escucharán luego con Juan Carlos I y los gobiernos de Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y, ahora, con Mariano Rajoy. Aunque con este último, con un argumentario culé adaptado a los nuevos tiempos, y con Josep Maria Bartomeu como epígono de Núñez. Las palabras del presidente barcelonista indignaron de tal manera a Luis de Carlos, que anunció que no volvería a pisar el palco del Camp Nou ni participaría en reunión alguna en la que estuviera Núñez.

El rifirrafe verbal entre los presidentes del Real Madrid y del FC Barcelona se produjo en un momento especialmente delicado para España: extrema debilidad del Gobierno de la Unión de Centro Democrático, con los indicadores de paro y precios disparados, y planeando sobre la cabeza del presidente Suárez una moción de censura del PSOE. Con este negro panorama, y días antes del partido de Liga entre el Barça y el Madrid en el Camp Nou, el presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas, tomó una decisión que dejaría al país boquiabierto. Tarradellas, como ya hiciera en junio de 1977 cuando se presentó de sopetón en Madrid para entrevistarse con Suárez en la Moncloa para tratar de la autonomía catalana, telefoneó a Luis de Carlos y le preguntó si tendría inconveniente en verse con él, y con Núñez, en Barcelona.

– ¿A usted le gusta el fútbol? –preguntó De Carlos.

– A mí nada –respondió Tarradellas–, pero no deseo que con el pretexto del fútbol, se estropeen las relaciones entre Madrid y Barcelona y se origine un ambiente que no quiero, y menos ahora.

–Pues cuente usted conmigo, president.

El miércoles seis de febrero de 1980, Tarradellas convocó a los dos presidentes en el Palau de la Generalitat, y bajo un retrato del rey Juan Carlos con uniforme de almirante de la Armada, sellaron la paz con un abrazo. Pablo Porta actuó de notario. Fue un gesto más simbólico que real, porque las rencillas entre el Barça y el Madrid siguieron reproduciéndose en el futuro con altibajos. Hasta la llegada al club blanco de Florentino Pérez. Con el presidente de ACS instalado en la Casa Blanca, las diatribas lanzadas desde Canaletas contra el Madrid han tenido siempre como réplica juicios mesurados, cuando no, la callada por respuesta.

Esta labor de desminado de Florentino Pérez y su política de oídos sordos –respondió a las palabras de Bartomeu sobre el caso Neymar con un escueto, y significativo, "hace mucho frío"–, ha descolocado a las sucesivas directivas barcelonistas, provocando que un culé recalcitrante como Joan Gaspart, se desesperara en su día recordando, nostálgico, los viejos tiempos de las presidencias de Ramón Mendoza y Lorenzo Sanz. Dos duros fajadores, curtidos en mil batallas, frente a los que el empresario hotelero se desenvolvía con cierta destreza en el cuerpo a cuerpo mediático. Era tal la incomodidad que experimentaba Gaspart ante la nueva situación, que en 2002 reconoció ante los micrófonos de El Larguero, de la cadena SER, preferir mil veces los exabruptos y dicterios de Jesús Gil, que la desconcertante diplomacia de Florentino Pérez.

El último y cansino episodio del imaginario barcelonista sobre lo malos y perversos que son los del Madrit con el Barça, lo ha protagonizado Bartomeu, a raíz de su imputación por parte del juez Ruz por un presunto fraude fiscal de 2,8 millones de euros en el fichaje de Neymar, operación que la Agencia Tributaria cifra en un total de 94,89 millones de euros. Sin cortarse un pelo, Barto alimentó la sospecha en medios afines –cuando convoque las elecciones le darán una patada en el culo–, de que el club azulgrana paga una "factura política" en la Audiencia Nacional por haberse mostrado activo en el proceso secesionista de Cataluña, e insinuó una supuesta incidencia del Real Madrid en lo que él consideró un "ataque judicial". "Había ofertas más grandes que no lograron su objetivo y eso no gustó. Por eso pasa lo que pasa. Alguien con poder ha hecho estos movimientos que afectan al club", añadió, cuidándose mucho, eso sí, de nombrar al club blanco, o a Florentino.

Las declaraciones de Josep Maria Bartomeu –José María no hace muchos años–, como otras muchas dichas por directivos culés y acólitos a lo largo de la historia, son una soberana memez, sustentada en tiempo real por periodistas sin el más mínimo respeto por ellos mismos –por citar uno: José María Brunet, de La Vanguardia–, y medios de comunicación de Barcelona con afán indisimulado de lucro. Pero con lo que no ha contado Bartomeu, y otros, es que ese discurso victimista, y otros, no cuelan ya en Cataluña ni en España. Están demodé, pasados de rosca, como han dejado constancia el vicepresidente económico del FC Barcelona, Javier Faus, y Carles Vilarrubí, vicepresidente institucional, al desmarcarse ambos dos de la teoría de la conspiración.

Bartomeu declarará el viernes en la Audiencia Nacional ante el juez Pablo Ruz. Irá acompañado por el equipo de letrados del despacho Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, entre los que se encuentra Ricardo Riverola, uno de los abogados más reputados del país, especializado en capital inversión, principalmente en países latinoamericanos. Aunque, a lo mejor, lo que Bartomeu desconoce es que él, y el FC Barcelona, están siendo asesorados por un madridista a carta cabal; de corazón. Y no tiene por qué resultarle extraño. Ricardo Riverola está casado desde 1997 con Alicia de Carlos, otra grandísima abogada y socia del Real Madrid, al igual que sus hijos. Alicia es hija de José Manuel de Carlos y nieta de Luis de Carlos, quien fuera uno de los presidentes con más señorío del club blanco. Puede dormir tranquilo Barto. Está en buenas manos. Aunque Riverola sea merengón. Por cierto, como el juez Ruz.

Coda:

Albert Masnou: "Aunque es la solución fácil acusar a otros de tus problemas, la aparición de Bartomeu fue contundente tras la imputación exprés del juez Ruz, una decisión que llegó antes de las 24 horas desde la solicitud del fiscal. Algo que no se había visto nunca. ¡Qué siempre fue así! La justicia española va a pasos de gigante al tratarse del Barça y lenta cuando hay que meter en prisión a chorizos con traje, a políticos, a comisionistas. El Barça está siendo perseguido. No hay dudas. Solo hay que ver las puñaladas recibidas durante los últimos ocho años, desde 2006. No gusta que esté arriba, que le vayan bien las cosas y que haga sombra al Madrid. Hay que devolver al club a sus miserias, piensan desde la capital". (Una caza que viene de lejos. Sport. 4-2-2015)

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad