Del 'shock' de un diagnóstico irreversible a la gloria olímpica

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Alberto Suárez Laso ha encontrado en el atletismo la vía para sobreponerse a su ceguera

Alberto Suárez Laso en Londres 2012

01 de noviembre de 2012 (14:31 CET)

Ha logrado un palmarés envidiable en apenas cuatro años de trayectoria profesional como atleta de larga distancia. A su flamante medalla de oro en maratón, conseguida en los pasados Juegos Paralímpicos de Londres, hay que sumar el título mundial y la medalla de bronce en 10.000 metros logrados el año pasado en Nueva Zelanda, así como el título de campeón de Europa en 5.000 de este año en Holanda y sus cinco récords mundiales de maratón en la categoría T12. Sin embargo, la suya, como la de tantas otras personas con alguna discapacidad, es una historia de superación. 

En estos cuatro años largos, Alberto Suárez Laso se ha convertido en el maratoniano más rápido del mundo con deficiencia visual, condición que confirmó el pasado 9 de septiembre, "un día señalado en el calendario porque es el cumpleaños de mi hijo", e inolvidable para este asturiano de 35 años. Alberto vio cumplido entonces en Londres el sueño de colgarse el oro olímpico, un reto por el que llevaba luchando desde que hace poco más de un lustro le fuese diagnosticada una lesión degenerativa en la mácula que ha reducido su resto de visión a un 10% aproximado en cada ojo.

"Un día, unos amigos salieron a correr, me junté con ellos y me entró el gusanillo. Siempre me gustó el deporte", explica Alberto, quien antes de que le fuese diagnosticada su dolencia ya había hecho sus pinitos como portero de fútbol sala. "Siempre ví mal, pero llegó un momento que no me permitía conducir o hacer ciertas cosas de precisión en el trabajo. Y en el deporte también lo iba notando. Como no sabía qué enfermedad tenía, fui al oculista, a ver si me podía operar de la miopía y el astigmatismo que tenía y en esa revisión me diagnosticaron esta enfermedad genética, que no tiene operación".

El atletismo como refugio

Tras el duro palo que supuso asumir su dolencia, Alberto no se rindió y encontró en el atletismo el refugio y el escenario perfectos para seguir encontrando nuevos retos en su vida. "Un día vi un anuncio de la media maratón de la sidra de Nava, me apunté y medio año después ya me afilié a la ONCE y entré en el Oviedo Atletismo con un entrenador que me llevaba más en serio. Empecé a evolucionar en marcas, consiguiendo las mínimas para los campeonatos de España y de Europa. Todo fue muy rápido y la verdad es que nunca piensas que puedas llegar tan arriba", expone con naturalidad.

Después de acumular récords mundiales y coleccionar medallas en Europeos y Mundiales, Suárez Laso vivió un momento irrepetible en los pasados Paralímpicos. "Fue increíble. El tema de los Juegos es increíble, el ambiente era brutal. Fueras dónde fueras te paraban como si fueses Usain Bolt o algún atleta 'top'. Y siempre es de agradecer", explica emocionándose, antes de recordar los pormenores de una carrera que no olvidará jamás: "Me tocó meter el ritmo, porque nadie quería tirar, y si lo hacían era a un ritmo suave, que no me interesaba. Yo prefería que sufrieran el 'muro' de la maratón, que los mediofondistas acusaran la distancia, por tanto, mi estrategia era tirar para que la gente sufriera. Hasta que en el kilómetro 32 me descolgué de mi último adversario, y aunque las fuerzas ya empezaban a flaquear, ahí me di cuenta de que si mantenía ese ritmo podía ganar".

Tras las entrevistas, homenajes y el correspondiente descanso, Alberto ha regresado a la rutina del entreno, con la mente puesta en el próximo Mundial de Lyón en 2013. "Sí, claro. No tuve ningún problema en recuperar la rutina diaria. Eso sí, aún después de un tiempo, te vas dando cuenta de la magnitud de lo que has conseguido, porque la gente no se olvida y te siguen pidiendo entrevistas o que vayas a dar alguna charla". Porque gracias a su afán de superación y a sus éxitos, Suárez Laso se ha convertido en toda una personalidad en el deporte asturiano. "Siempre te gusta cuando te reconocen el esfuerzo. Pero bueno, todo pasa, y siempre queda la persona. Hay que tener los pies en el suelo y saber dónde se pisa", asegura este ejemplo de cómo sobreponerse a los duros golpes que muchas veces nos da la vida.

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