Blanchart, el español que gobernó una sede del Mundial de Catar

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El gerente del BM Granollers recibió permiso del club para ser el manager del Duhail Hall Sports durante el torneo de balonmano

Víctor Malo desde Doha

Pep Blanchart, máximo responsable del estadio Duhail Hall Sports de Doha (Catar) durante el Mundial de Balonmano | V.Malo
Pep Blanchart, máximo responsable del estadio Duhail Hall Sports de Doha (Catar) durante el Mundial de Balonmano | V.Malo

01 de febrero de 2015 (00:00 CET)

Pep Blanchart, hombre de balonmano desde la cuna, es uno de los 2.500 españoles que triunfan en Catar. El gerente del BM Granollers fue el elegido para comandar el Duhail Hall Sports Stadium, una de las tres sedes deportivas del Mundial de Catar, y solventó la papeleta con éxito. Tras 29 años en el mundo del balonmano profesional, Blanchart recibió la recompensa a su dilatada trayectoria.

Atiende a Diario Gol sentado en la oficina de Duhail, donde ha pasado la mayor parte de las horas durante los últimos dos meses. Su mesa está llena de papeles y notas, síntoma de los muchos frentes abiertos con los que ha tenido que lidiar. Acompañado de su hijo Pep, el principal ayudante que tiene en Oriente Medio, recuerda que llegó a Catar el 1 de diciembre, aunque formalmente comenzaba a trabajar el día 22.

Como buen previsor, quiso llegar con antelación para aclimatarse con tiempo al emirato árabe. Fue un acierto, ya que ese fue el tiempo que necesitó para sacarse el carné de conducir de Catar. "Unas pruebas oculares retrasaron mi obtención del permiso, pero la verdad es que aquí se lo toman todo con una calma...", rememora, divertido. Las semanas sin coche fueron complicadas por las dificultades que hay para moverse por Doha.

Contratado por Catar a instancias de la IHF

Este catalán de 55 años recibió una propuesta por parte de la Federación Internacional de Balonmano (IHF) tras su buen papel en la gestión de Granollers, sede del Mundial de España en 2013. Sin embargo, fue el comité organizador del Mundial de Catar quien se encargó de contratarlo: "La IHF intermedió, pero para que nos entendamos, quien paga es el comité organizador".

Sin querer entrar en detalles y cantidades, Blanchart reconoce que "era una oferta óptima en todos los sentidos", tanto en el económico como en el profesional. Y es que, a pesar de que en este tipo de oportunidades siempre suele haber algún factor de suerte, el jefe de sede de Duhail asegura que se ha tomado esta propuesta como un "reconocimiento" al trabajo bien hecho.

"En cuanto lo expliqué en Granollers se alegraron mucho por mí y me animaron a aceptar la propuesta, pero quiero dejar claro que mi casa sigue siendo el Granollers, a donde volveré en cuanto acabe el Mundial", explica Blanchart, sin ocultar que ha sido una experiencia apasionante. En la negociación del contrato le incluyeron un apartamento en el hotel InterContinental –por donde también pasó Valero Rivera–, un coche y las comidas, algo habitual.

El idioma, las mopas y el colapso de vestuarios

Sin embargo, el reto no fue fácil. El manager de Duhail –sede oficial de la selección nacional de Catar–, cuyas funciones en el Mundial terminaron este miércoles con la recogida del pabellón, tuvo que liderar a un grupo de cientos de personas –casi todas remuneradas, salvo algún voluntario excepcional–, la mayoría de las cuales no hablaba su idioma. Se entendían en inglés chapurreado y a base de señas.

Una de las anécdotas más curiosas ocurrió cuando tuvo que enseñar a sus ayudantes a utilizar la mopa para limpiar la pista de sudor. "No tenían ni idea de cómo utilizarla y necesitábamos ocho para cada partido, así que les tuve que enseñar como limpiar para que no quedase rastro del sudor durante los partidos", comenta. Al ser tres pabellones, hubo un total de 24 encargados de pasar la mopa. 

Otro problema consistió en la logística para gestionar los seis vestuarios de qué dispone el pabellón de Duhail: "Suerte que también teníamos los dos vestidores de la piscina –ubicada en la planta -1 del estadio– porque hubo un día en que hubo 23 sesiones de entrenamiento. Fue difícil colocar a todos los equipos". Sin embargo, más allá de estas curiosidades no ha salido nada mal.

24 horas de trabajo ininterrumpido

Blanchart se desplazó por primera vez a Catar en septiembre de 2014, para conocer las instalaciones aprovechando la disputa de la IHF Super Globe, el Mundial de Clubes de Balonmano. "Cuando llegué, todavía estaba todo por hacer en el pabellón principal –el Lusail Multipurpose Hall– y tenían a 7.500 obreros trabajando. Lo primero que dije fue: 'No lo acabarán'. Pero aumentaron los efectivos a 10.000 y lo terminaron a tiempo, para mi sorpresa". Las jornadas de trabajo en la obra son de 24 horas ininterrumpidas, divididas en dos turnos de 12 horas seguidas.

Una última reflexión que da buena cuenta del poder que tiene Catar. Y es que en el emirato del Golfo Pérsico, el dinero nunca es un problema.  

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