'Black box', la palabra clave que inventó Rosell para evitar filtraciones en el Barça

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Algunos directivos del club se quejan de que Bartomeu mantiene la opacidad que impuso su predecesor en materia deportiva

el ex presidente del Barça Sandro Rosell, en su caja negra

20 de mayo de 2015 (00:00 CET)

Probablemente se le ocurrió durante alguna de las noches que pasó reflexionando en el txoko que tiene en el sótano de su casa, cerca de la Avenida de Sarrià, poco antes de ser presidente del FC Barcelona. Quizás le acompañaba una copa de reserva de los que le proporciona Quim Vila para su exclusiva bodega, cuando a Sandro Rosell se le ocurrió blindar las informaciones confidenciales que afectarían a la primera plantilla del Barça. Era un término fácil y claro, propio de un especialista en marketing que había acumulado varios años de experiencia en Nike, una de las multinacionales más grandes del mundo: Black box.

Rosell inventó ese concepto –caja negra, que le debía sonar mucho mejor en inglés americanizado– para proteger todos los asuntos privados relativos al área deportiva del Barça. El empresario catalanista tenía muy claro como gobernar el club azulgrana: rodeado de personas fuertes del mundo de la empresa que se implicasen en la entidad hasta cierto punto pero que no interfiriesen excesivamente en el día a día del club.

Dos hombres de máxima confianza

Solamente unos pocos hombres de confianza de Rosell tuvieron la fortuna de conocer los detalles más significativos de su presidencialista gestión del Barça: el vicepresidente deportivo y actual presidente, Josep María Bartomeu, y el entonces director general, Antoni Rossich. El antiguo director deportivo, Andoni Zubizarreta, también estaba al corriente de muchas cuestiones referentes al primer equipo, pero desconocía las maniobras más personales del presidente.

Ni siquiera Javier Faus, vicepresidente económico de la entidad, estaba al tanto de todo lo que se cocinaba Rosell –y no en su txoko, dónde suele contar con cocineros profesionales cuando monta alguna reunión privada– en el Barça. Ello provocó el descontento de muchos directivos, que tras haber depositado avales por valor de cuatro millones de euros y la financiación de la campaña electoral –con cantidades que oscilan entre los 30.000 y los 75.000 euros– se sentían ultrajados por la falta de información.

Respuesta habitual ante temas incómodos

Siempre fue un tema de crispación mientras gobernó Rosell, pero pocos se lo echaron abiertamente en cara durante su mandato. Al fin y al cabo, el equipo que entrenaba el Tata Martino era firme aspirante a ganar la Liga cuando Rosell dimitió. Fue su sucesor quien tuvo que lidiar con las demás partes, ávidas de poder tras la ausencia del jefe de la manada.

Si algún directivo preguntaba a Rosell quién iba a ser el próximo fichaje estrella del Barça, éste contestaba: "Black box". En una ocasión, recuerdan fuentes de la directiva, el entonces presidente pidió la autorización de la junta para invertir 40 millones de euros en el fichaje de un futbolista cuyo nombre no se podía desvelar todavía, pero que contaba con el visto bueno del cuerpo técnico.

No dio detalles en el fichaje de Neymar

Nadie supo de quién se trataba hasta que se descubrió un anticipo de 10 millones de euros en 2011 recogidos en la memoria del club como "otros gastos". Es de sobra conocido que Neymar acabó saliendo mucho más caro, en lo económico y en lo institucional. Sin embargo, Rosell puede frotarse las manos desde su txoko cuando observa el rendimiento deportivo del delantero brasileño. El mismo que le birló a Florentino Pérez. El mismo por el que le piden siete años y ocho meses de condena tras las rejas de otra caja, mucho más negra.