Andy Murray releva a Fred Perry

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El escocés, primer británico que gana un Grand Slam desde 1936, tras derrotar a Djokovic en cinco sets

Los dos finalistas posan con sus respectivos trofeos | EFE

11 de septiembre de 2012 (11:16 CET)

Andy Murray (Dublane, Escocia, 15 de mayo de 1987) se consagra, definitivamente, como la nueva estrella del tenis británico. Desde Fred Perry, en 1936, ningún deportista de las islas ganaba un Grand Slam, maldición que ha superado su tenista más carismático tras una épica final de cinco horas y cinco sets ante Novak Djokovic: 7-6, 7-5, 2-6, 3-6 y 6-2. En el US Open.

El espíritu olímpico de Londres ha cambiado la vida de Murray. En la pista central de Wimblendon, en el mismo escenario que en un mes antes había perdido la final del Grand Slam ante Roger Federer, el tenista escocés superó al número uno del mundo en el partido decisivo. Y con la medalla de oro se liberó de muchos complejos.

Servicio y revés

Murray, que releva a Nadal como número tres del mundo, ha derrotado en la madrugada del lunes a Djokovic en una gran final del US Open. Poderoso en el servicio y letal con su revés, el británico ha contrarrestado el mayor control de su rival. El primer set ha durado 1 hora y 27 minutos, resolviéndose en un tie-break agotador: 25 minutos. En la segunda manga, Murray se escapó con un 4-0 que parecía herir al serbio, pero éste desplegó entonces su mejor tenis e igualó a 5. Los dos siguientes juegos los ganó el escocés.

Djokovic, que hasta entonces había gesticulado mucho, ganó los dos sets siguientes con relativa comodidad. Nadie diría que acusaba el desgaste de su semifinal ante David Ferrer. Había tenido un día menos de descanso que su rival y el factor mental parecía que podía darle otra victoria al serbio. En la quinta manga, sin embargo, le fallaron las piernas. Murray optó por moverle por toda la pista y aprovechó el primer break de la quinta manga para imponer su autoridad. Harto de ser la eterna promesa, de perder tantas semifinales y finales de Grand Slam, el escocés revivió el espíritu olímpico del pasado mes y, definitivamente, se hizo grande en Nueva York. Para gloria suya y de Gran Bretaña. Fred Perry, por fin, ya tiene sucesor.

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