La infanta Cristina calla lo más gordo de su padre (y no va de dinero)

El rey emérito, Don Juan Carlos I, se vio envuelto en otro episodio de traiciones en el pasado

Fotografía: La infanta Cristina calla lo más gordo de su padre (y no va de dinero) » Diario Gol
Fotografía: La infanta Cristina calla lo más gordo de su padre (y no va de dinero) » Diario Gol

Aunque no hay nada confirmado, se ha hablado en muchas ocasiones de los líos amorosos e infidelidades de Don Juan Carlos I a Doña Sofía. Unos engaños que ha tolerado para no dañar la imagen de la corona. Su matrimonio ha estado repleto de mentiras. La reina emérita se casó plenamente enamorada. De hecho lo estuvo locamente durante los primeros años, pero no pudo soportar más engaños y la unión entre ambos se desquebrajo. Su única misión era mantener las formas delante de los focos. Solo por el bien de la Corona. 

Cuando acudían a algún acto público conjunto todo parecía ir bien entre ellos, sin embargo al llegar a Zarzuela ambos tomaban caminos separados. No hacían vida en común. Tal y como reveló la periodista Pilar Eyre, empezaron a vivir en alas diferentes poco después del fallecimiento de Franco. 

La patada más dura que recibió Doña Sofía fue cuando descubrió el lío amoroso que existía entre Don Juan Carlos I y su hermana Irene. Ambas hermanas estaban enamoradas del mismo hombre. El rey emérito eligió finalmente a Sofía, pero sus ojos se enamoraron perdidamente en un primer momento de Irene, la pequeña. A la Reina no le ha gustado ser siempre un eterno segundo plato. 

Doña Sofía y Harald

En un primer momento ella no estaba enamorada de Don Juan Carlos I. Sus ojos se fijaron en Harald de Noruega, un atractivo nórdico. Entre ellos los medios daban por hecho que existía algo más. “Los dos príncipes sostienen un tierno idilio con todo el esplendor de sus veinte años”, escribían los titulares de aquellos años. 

Su corto romance no tuvo un final feliz. Doña Sofía se sintió traicionada y humillada por primera vez, antes de que lo hiciese Don Juan Carlos I durante toda su vida. Harald la utilizó para esconder su verdadero amor por una plebeya. 

 

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