Paz Padilla Got Talent

“De estrella a pedir en el metro”. Paz Padilla y España, en shock

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La presentadora de Sálvame se solidariza con el mundo de la interpretación

25 de noviembre de 2019 (16:34 CET)

Paz Padilla es ahora sinónimo de éxito. De hecho ha tenido la suerte de serlo siempre. La gaditana lleva ya 30 años triunfando en televisión como humorista, actriz y presentadora. No hay reto que se le resista. En todo este tiempo le ha dado tiempo para probar todos los registros, eso sí, siempre sin perder el humor, su sello de identidad. La presentadora ahora tiene la agenda repleta de compromisos profesionales, pero bien sabe ella y muchísimos intérpretes que no siempre es así. Por eso hay que tocar siempre el suelo con los pies. 

El mundo de la televisión es difícil y cambiante. La profesión de los actores es una de las más infravaloradas y con muchas vaivénes. Aunque parece que hay muchos actores que atesoran grandes cantidades de dinero, como Mario Casas, hay 50 que viven en el umbral de la pobreza. De hecho hay muchos que no llegan a 3.000 euros al año. 

Carlos Olalla

En esta profesión reina la precariedad y no tienes nunca un trabajo fijo. Lo importante es conseguir personajes protagonistas, pero eso no le sucede a todo el mundo. Hay gente que debe conformarse durante toda la vida con personajes capitulares, como nuestra querida Asunción Balaguer, que nos dejó el pasado fin de semana a los 94 años de edad. O su hijo, que descubrimos la pasada semana que trabajaba en Ikea mientras volvía a buscar una oportunidad en tan complicado mundo. 

 “Cuando eliges esta profesión sabes que no vas a tener un trabajo fijo nunca, esto es intermitente, cuentas con ello y construyes tu vida teniéndolo en cuenta”, dice Fátima Baeza, actriz de Hospital Central. “Jamás me he planteado dejarlo, yo amo este trabajo. La intermitencia tiene muchos inconvenientes, cierto, es complicado tener una familia, hijos, aunque también tiene algo muy bello: no permite que te acomodes, te obliga a vivir el presente”. 

Una situación terrorífica la vivió el actor Carlos Olalla, conocido por aparecer en más de 100 series. Lo malo es que siempre lo ha hecho a modo capitular y nunca como personaje fijo. En 2016 tuvo que terminó recitando poemas en el metro para pagar el alquiler de la casa en la que vive con su madre, también actriz, y su hermano. “Muchos te dicen: cuando tengas trabajo, ahorra”, cuenta. “El problema es que cuando por fin actúas, pagas las deudas”, cuenta. 

Ahora me mantengo entre rodajes grabando audiolibros para la ONCE. Y me siento un privilegiado. ¿Cómo están las actrices de mi edad? Esta es la profesión más sexista que existe. ¿Por qué solo aparecen jueces, psicólogos, médicos hombres?”. Olalla, que entre otras labores codirige el Festival de cine de Cañada Real, insiste en la cara social: “Somos insolidarios, como el resto de nuestra sociedad. No nos movilizamos mientras están robando el acceso a la cultura. En Francia han creado la figura de los profesionales discontinuos para proteger al sector”. Está montando una obra sobre los exilios. “Y la dirigirá un talento increíble, Raquel Mesa, que fue actriz de la compañía Yllana, estudió dirección en la RESAD y ahora vende seguros por teléfono”.

Gracias a las plataformas digitales como Netflix, Amazon o Movistar+ ha incrementado la contratación de actores. Es totalmente cierto, pero lo ha hecho en el sector de los más jóvenes. Incluso les da igual si son actores, lo que buscan es que sean guapos y tengan millones de seguidores en las redes sociales para una gran publicidad del producto. “Y a muchos ni siquiera los cogen por talento o físico, sino por su cantidad de seguidores en redes sociales”, comenta defraudado. Lídia San José, la protagonista de Paquita Salas o Ala...Dina, lo ha sufrido en carne propia: “He perdido varios papeles porque antes de firmar el contrato se dieron cuenta de que no tengo muchos seguidores en redes y decidieron llamar a otras que sí los tenían”.

 

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