Personal médico del Mútua de Terrassa que atiende a los pacientes con coronavirus

Así vencí al coronavirus: 11 días ingresado en la Mútua de Terrassa que no olvidaré jamás

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"¿Por qué arriesgas tu vida?", le pregunté. "Es mi vocación", respondió.

06 de abril de 2020 (18:59 CET)

“Eres positivo”. Me había pasado tres días en los pasillos de urgencias del Hospital Universitari Mútua de Terrassa y aquel doctor me lo confirmaba: “Tienes los dos pulmones afectados”.

Aquella misma tarde me subieron a planta con pronóstico grave y fue entonces cuando las vi por primera vez. “Me llamo Marina”, me dijo mirándome a través de unas grandes gafas de plástico y vestida totalmente de verde. “Todo irá bien, tranquilo”, afirmó esbozando una ligera sonrisa mientras me ayudaba a meterme en la cama.

He pasado 11 días luchando contra una enfermedad que tiene todo lo terrible y una cosa más: la soledad. El aislamiento te carcome hasta liquidarte por completo. Momentos en que el calor humano del personal que te cuida marca la diferencia, convirtiéndose en clave para lograr salir de allí.

Una nueva generación

“¿Cuántos años tienes?”, le pregunté a aquella auxiliar de ojos vivos. “20”, respondió. “Aquí todas somos muy jóvenes”, me dijo. Me sorprendió e insistí: “¿Por qué arriesgas tu vida?”. “Es mi vocación”, afirmó clavando su mirada en la mía. Decía la verdad.

En los días siguientes las fui conociendo a todas y todos. Una nueva generación adolescente que ha asumido la responsabilidad y liderazgo en la primera línea de batalla desde el más absoluto de los anonimatos y en el peor de los momentos.

“Aquí ya han caído cuatro”, me dice Ángels, la mujer que se ocupa de la limpieza. “Yo podría coger la baja, pero ahora hay que estar más que nunca. Es mi trabajo”, espeta mientras hace ir la fregona de lado a lado.

De madrugada, cuando respirar se convierte en un milagro, la fiebre sube, el oxígeno del respirador no alcanza, aprietas un botón que se ilumina de rojo y las escuchas venir por el pasillo. Al instante, se abre la puerta. “¿Qué te pasa?”, me pregunta Teresa. “Tranquilo, yo me encargo”, responde mientras prepara una nueva vía con medicación. Y luego se queda contigo lo que haga falta.

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Las condiciones no siempre son optimas, pero allí no se queja nadie, ni se esconden, ni se borran, al contrario: van a una. Una solidaridad única, una entrega absoluta y una dedicación que trasciende a sus obligaciones.

“Tengo 20 años, soy auxiliar, y ahora quiero hacer enfermería”, me cuenta Natalia. “¿Miedo? No. Respeto, sí. Aquí vemos lo peor”, confiesa.

Cuando estás en el frente te das cuenta de que el enemigo es muchísimo más feo, más fuerte y extremadamente más malvado de lo que te habían contado. Una batalla diaria imposible de vencer por uno mismo.

“Lo que necesites, me dices, ¿vale?”, me dijo Evelyn cogiéndome la mano. Había tenido un ataque, apenas respiraba con el oxígeno y tenía el cuerpo lleno de cables. “¿Sabes lo que hacemos cuando un paciente recibe el alta?”, me preguntó. Moví la cabeza en señal de desconocimiento. “Le aplaudimos”, me contó. “Y a ti también te aplaudiremos. Saldrás de esta”.  Y no mentía.

Los verdaderos héroes visten de verde

Cuando eres niño buscas héroes, superhéroes, personajes fantásticos, ídolos y demás. Los míos los conocí estos días: visten de verde, tienen poco más de 20 años y están en Mútua de Terrassa y en cada uno de los hospitales de España sea de día o de noche.

La doctora Teodora Pribic entró en la habitación con Miquel, que me contó que él vestía de naranja porque le gustaban los colores alegres, y también Cristina, los tres médicos que han estado a mi lado desde que subí a planta. Teodora se acercó, me cogió la mano y me dijo: “Si mañana las pruebas salen bien, te vas a casa. Lo has conseguido”. Lloré.

Sirva como ejemplo a generaciones futuras, que sepan q en estos días este grupo de profesionales arriesgó sus vidas para salvar vidas. Y eso no se olvida, ni debe olvidarse jamás. Debe contarse y ser recordado.

Mi agradecimiento eterno a los médicos Miquel Díaz, Teodora Pribic y Cristina Gili, del equipo del doctor David Dalmau y Ana Lapuente. A las enfermeras Noemí Usero Fernández, Evelyn Sabio Fernández, Teresa Izquierdo Delgado y María Merino Muñoz. A las auxiliares Natalia Cuadrado, Ariadna Venteo Martínez, Pili Méndez Torres, Nerea Bueno Marcos, María Baldellou Luque, Marta Sánchez Reyes y al auxiliar Ángel Villegas Gallego. A la secretaria de planta Elena Rodríguez Pérez. Y a la ‘jefa’ de limpieza Ángels Morales.

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