Las salidas de tono de Piqué dividen al vestuario del Barça

Una parte de la plantilla asume el liderazgo del central, mientras que algunos pesos pesados empiezan a estar cansados

Fotografía: Las salidas de tono de Piqué dividen al vestuario del Barça
Fotografía: Las salidas de tono de Piqué dividen al vestuario del Barça

Gerard Piqué es un hombre de contrastes, que no deja indiferente a nadie. Hay quien lo adora, pero también hay muchos que lo odian. Esta perspectiva, común en muchos aficionados, se está apoderando también del vestuario del Barça. Una parte de la plantilla, los más jóvenes, están encantados con su rebeldía y se apuntan a pies juntillas a sus travesuras. Los pesos pesados, en cambio, empiezan a estar cansados de sus constantes incendios.

Este domingo, tras el Barça-Villarreal (3-0), Piqué volvió a escena ante los medios de comunicación y firmó nuevos titulares golosos para la prensa. «El clásico nos pone cachondos. Somos futbolistas para jugar partidos así», dijo sobre el próximo Madrid-Barça. También se refirió a la travesura de Halloween desafiante. «El año que viene lo volveremos hacer y nos volveremos a disfrazar», dijo antes de referirse a Ángel Torres, presidente del Getafe: «Todos sabemos que Torres es merengue y quiere ser presidente del Madrid algún día, pero filtrar a periódicos de la capital imágenes del vestuario, que nosotros no lo dejamos así, es una falta de respeto».

Piqué siempre ha hecho gala de ese carácter extrovertido y travieso, es su sello de identidad. Sin embargo, desde que Carles Puyol dejó el equipo, es cada vez más difícil de controlar. Xavi Hernández todavía lo conseguía, por la ascendencia que tenía sobre el resto de la plantilla, pero el dócil Andrés Iniesta tiene muchas más dificultades para imponerse.

Iniesta, el apagafuegos

Iniesta, que también ha sufrido las salidas de tono de Piqué en la Roja, es de los que empieza a estar cansado. Entre otras cosas porque sabe que cada vez que el central genera un incendio, el manchego es el encargado de apagar el fuego. Su gran amigo en el vestuario, Sergio Busquets, es el principal apoyo de Iniesta en este sentido. Pero el hecho de que le arrebatase el brazalete de capitán durante la temporada pasada no es un grato recuerdo para el defensa.

Aunque tanto Iniesta como Busquets tienen una relación más que cordial con Piqué, han dejado entrever su desgaste. Ellos tienen otra manera de actuar y, ahora que tienen responsabilidad, no lo llevan demasiado bien. Ligeramente distinta, aunque coincide en algunos aspectos, es la opinión de los otros dos capitanes, los argentinos Leo Messi y Javier Mascherano. Como pasó con Busquets, este año Mascherano se impuso a Piqué en la votación para ser el cuarto capitán del equipo.

Messi no se moja

Esta situación denota una lectura muy clara: Piqué es divertido, pero sus compañeros no confían en él para hacer de capitán. Y da motivos constantemente. Messi, el jugador cuya palabra puede cambiar la forma de hacer de cualquiera en el vestuario, es amigo de la infancia de Piqué. Están en deuda, porque el central le defendía cuando eran niños y no se moja sobre su amigo.

Los más jóvenes y algunos de los sudamericanos de mentalidad más festiva –como Dani Alves, también buen amigo de Messi– siguen el juego a Piqué porque no entienden que deban reprimirse por ser futbolistas del Barça. Son jugadores que, o bien pecan de inexpertos, o bien no acaban de aceptar que representan a la institución más importante de Cataluña.