El restaurante japonés que sufre la traición de Figo al Barça 15 años después

La empresaria que gestiona el Kin Sushi Bar nos muestra las marcas de los huevos que los hinchas del Barça lanzaron contra la fachada del local

Fotografía: El restaurante japonés que sufre la traición de Figo al Barça 15 años después » Diario Gol
Fotografía: El restaurante japonés que sufre la traición de Figo al Barça 15 años después » Diario Gol

Han pasado 15 años desde que Luis Figo cometió la mayor traición deportiva que se recuerda en la historia del FC Barcelona. Símbolo de los colores azul y grana a finales de los 90, el delantero portugués cambió su camiseta por la del Real Madrid en verano del año 2000, con el triunfo de Florentino Pérez en las elecciones por el control de la casa blanca. Aquél traspaso dejó muchos muertos por el camino y algún vivo que todavía sufre las consecuencias.

Se trata de un acogedor y elegante restaurante japonés situado en l’Eixample de Barcelona (calle Provença), el Kin Sushi Bar. Lo inauguró el propio Figo pocos meses antes de fraguarse su fichaje por el club blanco. El futbolista era uno de los socios y su mujer, la modelo sueca Helen Svedin, quien se iba a encargar de gestionar el negocio. Les duró poco la broma.

En 2002, Figo y sus socios se vieron obligados a deshacerse del restaurante. No podían soportar la presión de decenas de aficionados del Barça dolidos por su marcha que boicoteaban la actividad del local. El lanzamiento de huevos contra la fachada del Kin Sushi se convirtió en deporte nacional durante algunos meses. Por suerte, Figo no era propietario y encontró a quien traspasar el negocio.

Lo adquirió una empresaria de origen chino, Cui Zhen Hua. Lleva 33 años en España (23 en Barcelona), donde ha criado a su hija Luisa –así la llama ella–, que la hizo abuela recientemente. La dueña del negocio reconoce a GOL que «las marcas de los huevos que lanzaban los aficionados todavía siguen estampadas en la fachada del restaurante».

«No hay manera de quitarlas»

«No se van de ninguna manera. Lo hemos intentando todo, pero llevan ahí 14 o 15 años y no hay forma humana de quitarlas», asegura Cui, entre risas. Por suerte, hay que fijarse directamente para verlas. Si no, suelen pasar desapercibidas.

Luisa reconoce que no fue fácil sacar el negocio adelante: «El restaurante funcionaba, pero a raíz de lo que ocurrió con Figo se notó una caída de la clientela. Tuvimos que buscar muchas fórmulas, como los menús de mediodía, para recuperar a la gente y fue más fácil a medida que se fue sabiendo que el restaurante ya no era de Figo. Cuando supieron que ya no era suyo, dejaron de molestar y pudimos disfrutar de una época de mucho trabajo».

Ni ellos ni Figo son los propietarios del local. En ambos casos estuvieron de alquiler. De hecho, detallan que solamente coincidieron con el ex futbolista en una ocasión: «El día de la firma del traspaso. La operación la negociamos con los socios de Figo».

Tempura Maki Especial

Actualmente, las marcas de huevo son solo una anécdota. Las dificultades para sacar un negocio adelante en la actualidad son otras. El exceso de competencia –en Barcelona hay prácticamente un japonés en cada esquina– y la caída de los precios. «Algunos son muy baratos, pero nosotros traemos todo el producto importado desde Japón, incluso el arroz Minori», explican.

Una de las especialidades de la casa es el Tempura Maki Especial (fotografía). Consiste en un california maki de langostino en tempura y decorado con lomos de tataki de atún. Una auténtica delicia que mantiene alta la buena fama gastronómica del local. Totalmente alejada de su pasado vinculado a Figo. Salvo por los huevos.    

Publicidad